El Centennial Olympic Park estaba repleto cuando Richard Jewell vio una mochila verde abandonada debajo de un banco, cerca de una torre de luces y sonido. Era la madrugada del 27 de julio de 1996, en medio de la celebración de los Juegos Olímpicos de Atlanta. Jewell avisó a la policía y comenzó a alejar a las personas del lugar. Dentro de esa mochila había una bomba
La noche en que cambió todo
Antes de la explosión, los agentes intentaron establecer si el bolso tenía dueño. Al mismo tiempo, una llamada al 911 alertó que había un artefacto en el parque y que estallaría en pocos minutos. La evacuación avanzaba con dificultad: mucha gente seguía festejando y no entendía por qué debía irse
A la 1.20 de la madrugada, la bomba explotó. Murió Alice Hawthorne, de 44 años, y más de cien personas resultaron heridas. Un camarógrafo turco, Melih Uzunyol, falleció poco después de sufrir un ataque cardíaco mientras corría hacia la zona. Jewell había ayudado a sacar a entre 150 y 175 personas antes de la detonación. En ese momento, pasó a ser visto como un héroe
Un hombre rígido y meticuloso
Jewell había nacido en 1962 en Danville, Virginia, con el apellido White. Sus padres se separaron cuando era niño y luego fue adoptado por John Jewell, de quien tomó el apellido. Creció en Atlanta, en un hogar estricto, y desde joven mostró una personalidad aplicada, reservada y muy atenta a las reglas
Trabajó en distintos empleos antes de acercarse a las fuerzas de seguridad. Ingresó como carcelero en la oficina del sheriff del condado de Habersham, luego fue ayudante de sheriff y pasó por la Academia de Policía
Más tarde trabajó en Piedmont College, donde aplicaba sanciones, revisaba fiestas estudiantiles y redactaba informes detallados. En 1996 volvió a Atlanta para acompañar a su madre, que iba a ser operada, y terminó sumándose al cuerpo de seguridad contratado para los Juegos Olímpicos
Del reconocimiento a la sospecha
Durante tres días, su nombre circuló como el del hombre que había ayudado a salvar vidas. Pero mientras crecía esa atención pública, otra hipótesis comenzó a tomar forma: la de alguien que provoca una emergencia para luego convertirse en el héroe de la historia. Jewell encajaba en ese para algunos investigadores, aunque no existía prueba alguna de que hubiera colocado la bomba
El 30 de julio, su nombre apareció vinculado públicamente con la investigación. Desde entonces, su casa quedó rodeada por cámaras y periodistas, y su vida cambió por completo. Nunca fue detenido ni acusado formalmente, pero quedó bajo una presión enorme. Su madre también sufrió esa exposición y pidió que dejaran de perseguirlo
Una investigación que lo desgastó
Uno de los momentos más tensos ocurrió cuando fue convocado a una oficina con el argumento de grabar un video de entrenamiento. Allí, los agentes cambiaron el tono de la entrevista y quisieron leerle sus derechos. Jewell llamó al abogado Watson Bryant, quien le indicó que no siguiera respondiendo preguntas
Luego dio una entrevista televisiva en la que negó cualquier vínculo con el atentado. Sabía, además, que aunque su inocencia se demostrara, el estigma ya lo acompañaría para siempre. Durante 88 días estuvo bajo sospecha. Finalmente, el 26 de octubre de 1996 recibió la notificación de que ya no era considerado objetivo de la investigación
El verdadero responsable y la vida después
Con el tiempo, las autoridades vincularon el ataque con Eric Robert Rudolph, un extremista contrario al gobierno y al aborto, también relacionado con otros atentados posteriores. Rudolph fue capturado en 2003 y en 2005 se declaró culpable para evitar la pena de muerte
Jewell intentó recomponer su vida. Volvió a trabajar en seguridad y regresó a tareas policiales
También inició demandas contra medios y contra su antiguo empleador por la forma en que fue expuesto. Años después admitió que seguía revisando su auto antes de subir, observando si alguien lo seguía y cambiando rutas por precaución
En 2006, el gobernador de Georgia reconoció oficialmente su actuación aquella noche. Jewell murió en 2007, a los 44 años
Su historia volvió al centro de la conversación pública cuando Clint Eastwood la llevó al cine en 2019. Pero todo había empezado mucho antes, con un guardia que vio una mochila abandonada debajo de un banco y decidió no pasar de largo