Durante años se habló de la salud de José de San Martín como si hubiera sido un destino de fragilidad constante. La realidad fue más matizada: tuvo dolencias crónicas y dolorosas, pero llegó a los 72 años, una edad avanzada para su tiempo, y siguió activo hasta poco antes de morir
Su fallecimiento, ocurrido el 17 de agosto de 1850 en Boulogne, sorprendió a su entorno más cercano. Ni su médico ni su familia imaginaron un desenlace inmediato. El certificado de defunción no dejó asentada una causa precisa y, además, la escasez de registros médicos obliga a reconstruir su historia clínica a partir de síntomas y testimonios
Una salud atravesada por tres males
La reconstrucción más citada atribuye a San Martín tres afecciones principales: úlcera, asma y gota. De las tres, la úlcera aparece como la más probable causa de muerte. En aquel tiempo, las crisis hemorrágicas eran descritas como “ataques de sangre”, episodios que se repetían con períodos de alivio
Las cartas del propio San Martín y los comentarios de quienes lo trataron muestran que esos problemas no eran menores. En distintos momentos habló de debilidad extrema, vómitos, cólicos intensos, insomnio y dolores que le impedían dormir acostado. También aparecen referencias a la llamada “fatiga de pecho”, asociada al asma
Dolor, esfuerzo y desgaste
La gota, por su parte, le afectó articulaciones como muñecas, manos y pies. Esa dolencia le dificultó escribir y, con el tiempo, lo llevó a buscar alivio en baños termales. Los síntomas iban y venían, sin dejar deformaciones visibles, algo que ayuda a diferenciarla de otros trastornos reumáticos
En sus últimos años en Europa, San Martín sumó otros padecimientos: problemas digestivos más frecuentes, cataratas y una pérdida progresiva de visión. Intentó una operación ocular, pero el resultado no fue el esperado
Los últimos días
En julio de 1850 viajó por última vez a las aguas termales de Enghien. Poco después regresó a Boulogne. El 6 de agosto hizo su último paseo en carruaje. El día 17 se levantó sereno, pidió leer los diarios y tomó algo de alimento. Más tarde sufrió un dolor agudo en el estómago; después, un movimiento convulsivo precedió a su muerte
La explicación médica más aceptada sostiene que se trató de un shock hemorrágico vinculado con la úlcera. La muerte llegó rápido, sin asfixia ni una agonía prolongada, en línea con varios testimonios de quienes estuvieron junto a él
El retrato final
Sus últimos años también dejaron una imagen distinta del Libertador: la de un hombre culto, de presencia firme, conversación ágil y gran modestia. Quienes lo conocieron en Europa lo describieron como un anciano erguido, de rasgos vivos y ánimo lúcido, muy lejos de la figura apagada que a veces se asocia con el exilio
Así, detrás del héroe militar, aparece también un hombre que convivió durante décadas con el dolor físico sin abandonar del todo la actividad, la disciplina ni la lucidez