Durante años, la mirada fue la principal herramienta de trabajo de Sandra Dajnowski. Como arquitecta y empresaria, observaba edificios, materiales, luces y texturas para convertirlos en proyectos. También llevaba una vida activa, con viajes, reuniones, teatro y encuentros con amigos, aunque ya había perdido la visión de uno de sus ojos
La decisión de formar una familia
Después de cumplir 40 años, el deseo de ser madre comenzó a ocupar un lugar central. Estaba soltera y no quería recurrir a tratamientos de fertilidad. Una conversación con amigas la llevó a considerar la adopción y, al día siguiente, inició los trámites en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos
Buscaba adoptar a un niño en edad escolar. La espera se extendió durante más de un año y la llevó incluso a viajar a Misiones para intentar destrabar el proceso, aunque regresó sin respuestas concretas
Más tarde, por recomendación de un amigo y con la ayuda de un rabino, llegó a una institución comunitaria que alojaba a niños judicializados. En abril de 2010 comenzaron las entrevistas y, un mes después, conoció a Nico, el menor de varios hermanos
El niño se mudó con ella en julio de ese año. La casa se llenó de amigos, fútbol, meriendas y conversaciones sobre sus ídolos deportivos. Para ambos fue un período de felicidad y adaptación compartida
El desprendimiento de retina que cambió su vida
El 13 de septiembre de 2011, mientras se realizaba una limpieza de cutis, Sandra sintió un dolor repentino en el único ojo con el que veía. Reconoció los síntomas de un desprendimiento de retina y acudió de urgencia a un oftalmólogo
Los estudios confirmaron el diagnóstico. La operación inicial fue seguida por nuevas complicaciones y, durante casi seis meses, debió atravesar diez intervenciones. Cada intento buscaba conservar algo de visión, pero su estado empeoraba hasta que la ceguera total se volvió inevitable
La noticia la enfrentó a temores concretos: preparar una bebida caliente, ayudar a Nico con la tarea o desplazarse dentro de su propia casa. El niño, que tenía nueve años, también debió procesar el cambio y la pérdida de la vida cotidiana que conocían
Reaprender para que Nico siguiera siendo un niño
Sandra decidió que su hijo no debía convertirse en su asistente. Con el respaldo de familiares, amigos y un equipo interdisciplinario, comenzó un proceso de rehabilitación que se prolongó durante años
Aprendió a utilizar el teléfono, enviar correos, caminar con bastón y organizar los objetos de su hogar. También desarrolló nuevas formas de orientarse mediante los sonidos y los aromas. Nico la ayudaba a reconstruir escenas con descripciones detalladas, pero ella se esforzó por recuperar la mayor autonomía posible
El objetivo era claro: que Nico pudiera vivir su infancia y que el vínculo entre ambos conservara su lugar de madre e hijo, sin cargas que no le correspondían
El regreso a la arquitectura
Cuando recuperó cierta independencia, Sandra quiso volver a su profesión. Buscó a Ricardo, su socio y compañero desde la universidad, y le preguntó si estaba dispuesto a continuar trabajando junto a una persona ciega. La respuesta fue afirmativa
Su forma de participar en las obras cambió. Ya no podía supervisar visualmente una estructura en altura, pero sus conocimientos técnicos, su sensibilidad espacial y sus décadas de experiencia seguían intactos. Empezó a interpretar los avances mediante el tacto, los sonidos y los aromas, además de intercambiar criterios con su socio
Cuando alguien le cuenta que disfruta un departamento que diseñó, vuelve a experimentar la satisfacción de su trabajo, aunque ahora construye esas imágenes a través de las palabras de los demás
Una voz por la accesibilidad
Con el tiempo, Sandra dejó de preguntarse por qué le había ocurrido aquello y comenzó a pensar qué podía hacer con su experiencia. Un testimonio sobre la audiodescripción en el teatro abrió la puerta a nuevas actividades, entre ellas paneles y la docencia en la cátedra de Diseño de Hábitat Accesible de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA
También empezó a compartir su vida cotidiana en redes sociales. Recibió mensajes de personas con diagnósticos visuales complejos, familias que no sabían cómo afrontar esas situaciones y profesionales que ocultaban sus limitaciones por miedo a la exclusión
Su propósito no es despertar lástima, sino defender la igualdad de oportunidades. Para ella, la inclusión laboral y social debe expresarse en decisiones concretas y cotidianas, no solamente en declaraciones
Con los años, Nico terminó la escuela secundaria, se graduó en una carrera universitaria y comenzó otra. Mientras él construye su propio proyecto de vida, Sandra consolidó una nueva relación con su profesión, la discapacidad y el mundo que la rodea
Su historia no se resume en una superación repentina. Es el resultado de un proceso sostenido de aprendizaje, autonomía y acompañamiento: una manera distinta de proyectar el futuro aun cuando la visión ya no sea el sentido que lo guía