Cuando un gato reduce su consumo de agua, el primer foco no siempre debe estar en una enfermedad. A veces, la explicación está en detalles cotidianos como el estado del bebedero, el lugar donde está colocado o el tipo de alimentación que recibe

Un recipiente incómodo puede alejarlo del agua

Los gatos suelen evitar los recipientes que no están limpios. El polvo, los pelos y otros residuos pueden hacer que rechacen esa fuente y busquen otra alternativa

También importa dónde se ubica el agua. Si el bebedero está en una zona ruidosa, con mucho tránsito o cerca de otros animales, algunos ejemplares pueden sentirse incómodos y beber menos

Por eso, una de las recomendaciones más habituales es ofrecer varios recipientes en sectores tranquilos, seguros y de fácil acceso dentro de la casa

El estrés y la salud también cuentan

Además de los factores ambientales, una menor ingesta de agua puede estar vinculada con el estrés, el dolor dental o distintas enfermedades. Si la reducción se prolonga, el riesgo de deshidratación aumenta y pueden aparecer otras complicaciones

Entre las señales de alarma se cuentan encías secas, ojos hundidos, vómitos, diarrea, pérdida de peso, falta de apetito, letargo y cambios en el uso de la caja de arena

La comida también aporta líquido

No toda el agua que un gato necesita llega desde el bebedero. El alimento húmedo contiene una alta proporción de líquido y puede cubrir una parte importante de sus requerimientos diarios

La comida enlatada, por ejemplo, suele tener al menos un 75% de agua. Por eso, un gato que come principalmente ese tipo de dieta puede acercarse menos al recipiente sin que eso implique necesariamente una mala hidratación

Como referencia general, los veterinarios suelen sugerir cerca de 4 onzas, unos 118 mililitros, por cada 5 libras, equivalentes a 2,3 kilos, de peso corporal al día. Esa cifra incluye el agua que obtiene de distintas fuentes y puede variar según la dieta, la actividad, el ambiente y su estado de salud

Cuándo conviene consultar

Si el gato sigue tomando poca agua pese a cambiar el bebedero, su ubicación o la rutina, lo más prudente es consultar con un veterinario. La hidratación merece especial atención en animales con enfermedad renal crónica, que necesitan acceso constante a varias fuentes limpias

Para favorecer el consumo, ayuda mantener los recipientes impecables, renovar el agua con frecuencia, repartir varios puntos de acceso en la vivienda, alejarlos de la caja de arena y, si es posible, ofrecer una fuente con agua en movimiento. Incorporar alimento húmedo también puede ser útil dentro de una dieta adecuada