En 2019, Sommarøy, una pequeña comunidad pesquera del Ártico noruego, fue presentada como un lugar dispuesto a prescindir del tiempo durante el verano. La localidad se encuentra a 56 kilómetros al oeste de Tromsø y permanece bajo la luz del sol durante 69 días, entre el 18 de mayo y el 26 de julio
La campaña incluyó relojes colgados de un puente y una petición entregada a un integrante del Parlamento noruego. La idea despertó entusiasmo fuera de la isla, aunque también generó dudas entre sus habitantes: sin horarios, resultaría difícil organizar hoteles, comercios, escuelas y otros servicios cotidianos
Una campaña diseñada para atraer visitantes
Con el tiempo se supo que Innovation Norway, la agencia estatal de promoción turística, había organizado la iniciativa. Algunos habitantes participaron, pero otros aparentemente desconocían su alcance. Tras conocerse la intervención de la agencia, su director ofreció disculpas públicamente
Los relojes desaparecieron del puente y la campaña perdió fuerza. Para varios residentes, la exposición internacional convirtió una conversación informal sobre la vida veraniega en un asunto incómodo que terminó dominando la imagen del pueblo
Cuando la noche deja de marcar el ritmo
Sommarøy está situada muy por encima del círculo polar ártico. Durante el verano, el sol no se oculta; en invierno, en cambio, no llega a salir y es posible almorzar en plena oscuridad
La luz continua no elimina los horarios. Restaurantes y tiendas siguen cerrando cuando corresponde, y la recepción de los hoteles no permanece abierta durante toda la noche. Pero el ambiente modifica algunas rutinas: los niños pueden acostarse más tarde, los comercios pueden cerrar para que sus dueños vayan a pescar y la vida se vuelve más relajada durante las vacaciones
Una experiencia difícil de medir con el reloj
El pueblo tiene unos 300 habitantes, aunque recibe más personas durante el verano y los fines de semana. Sus casas sobre pilotes, los puertos estrechos, las montañas nevadas y los fiordos forman un paisaje en el que la luz permanece incluso cuando el reloj indica que debería ser de noche
Una visitante polaca llegó atraída por la campaña y descubrió que los servicios seguían funcionando con horarios convencionales. Sin embargo, al apagar el teléfono, sintió que podía relajarse y que el tiempo parecía tener menos importancia que en su vida habitual
Otro viajero contó que se bañó a medianoche bajo el sol. Sin un reloj, dijo, habría sido difícil saber qué hora era, aunque el frío recordaba que la escena no correspondía a un día común
La prueba de las 03:30
Durante la madrugada, las calles de Sommarøy permanecen silenciosas. A las 03:30, la orilla puede estar desierta mientras las gaviotas y las aves zancudas siguen activas sobre el agua
Para quien camina entre casas en silencio y encuentra el sol alto en el cielo, la hora pierde parte de su significado habitual. La campaña turística fue artificial, pero la experiencia de la luz ártica sí puede alterar la relación cotidiana con el tiempo