Ucrania había encontrado una forma de golpear a Rusia lejos del frente: atacar con drones de fabricación propia las refinerías, los depósitos y otras instalaciones petroleras que sostienen la economía rusa y financian la guerra
La campaña elevó los costos para el Kremlin y amenazó sus ingresos por exportaciones de combustible. Pero Donald Trump presionó a Kiev para que frenara las operaciones, mientras anunciaba un acuerdo para liberar diésel ruso en el mercado estadounidense
El presidente estadounidense enfrenta un aumento del precio del combustible y las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre. La decisión busca mostrar que su administración puede contener el costo de vida, aunque el volumen acordado, de unos 2,25 millones de barriles, equivale al consumo de Estados Unidos durante aproximadamente 13 horas
Una concesión que favorece a Moscú
Trump también suspendió temporalmente la aplicación de las sanciones previstas por la Ley Graham contra Rusia. La medida profundizó la crisis diplomática con Zelensky y abrió dudas sobre el futuro de la seguridad europea
La Casa Blanca atribuyó el aumento de los precios globales a los ataques ucranianos contra refinerías rusas. Sin embargo, especialistas del mercado energético sostienen que el principal cuello de botella está relacionado con la interrupción del tránsito de petroleros por el estrecho de Ormuz, a raíz del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán
El acuerdo difícilmente modifique de manera significativa los precios en los surtidores estadounidenses, pero puede aportar recursos a la maquinaria bélica rusa. Al mismo tiempo, reduce la presión económica que Ucrania había logrado ejercer sobre Moscú
Una tregua sin reciprocidad
Ucrania aceptó detener temporalmente los ataques contra las refinerías rusas. Rusia, sin embargo, continuó atacando el sistema energético y las ciudades ucranianas. Ante la continuidad de los bombardeos, Zelensky anunció que su país retomaría las operaciones contra instalaciones petroleras enemigas
El desacuerdo agravó el enfrentamiento entre ambos presidentes. Trump llegó a sugerir que Ucrania debía buscar un nuevo mandatario, mientras Zelensky cuestionó la cercanía de su homólogo con Putin y dijo que era un error considerarlo un amigo
Las etapas de una guerra que llegó a la energía
El conflicto comenzó con el fracaso del intento ruso de tomar Kiev y derribar al gobierno ucraniano en pocas semanas. Después se transformó en una guerra de desgaste en el Donbás, marcada por la superioridad rusa en artillería e infantería y por avances territoriales pequeños a un costo humano elevado
La tercera etapa estuvo marcada por la expansión de los drones. Ucrania desarrolló ataques de largo alcance contra objetivos militares, logísticos y energéticos situados detrás del frente. Las refinerías se convirtieron en blancos prioritarios porque sostienen las exportaciones rusas y el abastecimiento interno
Rusia respondió con ataques sistemáticos contra la infraestructura eléctrica, hídrica y de calefacción de las ciudades ucranianas. El objetivo era volver más difícil la vida urbana durante el invierno y quebrar la resistencia de la población
Presión sobre las comunicaciones y Europa
La negativa de Zelensky a abandonar los ataques contra las refinerías coincidió con denuncias ucranianas sobre problemas en los sistemas de comunicación y alerta. Washington sostuvo que seguía compartiendo inteligencia, aunque las versiones sobre restricciones a Starshield, la red militar vinculada a SpaceX, aumentaron la preocupación en Kiev
El conflicto también se proyecta sobre Europa mediante drones, interferencias electorales y otras formas de guerra híbrida. Un ciberataque contra heladeras de supermercados franceses no pudo ser atribuido a Rusia, pero recordó la vulnerabilidad de las infraestructuras civiles
La disputa política en Europa completa el cuadro. El crecimiento electoral de fuerzas contrarias a continuar financiando la guerra puede debilitar el respaldo al gobierno ucraniano y ampliar la ventaja estratégica que Moscú intenta obtener