Raquel dejó Buenos Aires por unos días para bajar el ritmo del trabajo y de la vida familiar. También buscaba poner distancia de la tristeza que le había dejado la partida de una amiga muy cercana a otro país

Eligió Colonia del Sacramento, un lugar al que le tiene cariño y al que llegó sola, algo poco habitual para ella. Ya divorciada desde hace años, asegura que hoy disfruta de su independencia y mira con ironía el pasado: dice que en su matrimonio se sintió más sola e infeliz

Un atardecer que cambió el viaje

El primer día, después de recorrer la Calle de los Suspiros y la zona del puerto, se sentó junto al faro, sobre el muro que da al río. Allí apareció un hombre que la reconoció de inmediato y le preguntó si se acordaba de él

Raquel sí lo reconoció. Era Rodrigo, el joven con quien había compartido un verano en 1991, cuando ella tenía 17 años. Él seguía teniendo los ojos azules, aunque ahora lucía canas y la piel marcada por el sol

El recuerdo de 1991

Aquella historia había empezado en otro atardecer, en el mismo escenario. Rodrigo se acercó entonces con un piropo, se presentó y se fue para no incomodarla. Más tarde volvieron a cruzarse y empezaron a encontrarse cada tarde y cada noche, entre charlas, paseos y bancos de plaza

Con el tiempo, las conversaciones se trasladaron a la muralla. Allí, mirando el cielo, se tomaron de la mano y luego se besaron por primera vez. Raquel recuerda ese momento como inolvidable y admite que no volvió a sentir algo parecido

El regreso y la posibilidad abierta

Pasaron 35 años sin contacto. Ella se preguntó más de una vez qué habría sido de él. Rodrigo, por su parte, siguió su camino, viajó por el mundo y finalmente regresó, como suelen hacerlo quienes alguna vez se fueron de ese lugar

Raquel le contó que se casó joven, que fue feliz un tiempo, que hoy tiene hijos grandes y un nieto, y que se siente plena con la vida que eligió. Después caminaron otra vez hacia la muralla para mirar las estrellas

Esta vez hubo otro beso y también un intercambio de números. Sin promesas, pero con la decisión de ver hacia dónde puede llevarlos este reencuentro