Valeria Luiselli publicó Principio, medio, fin, una novela en la que una madre, su hija de 12 años y las mujeres de su linaje sostienen una trama que se mueve entre la intimidad familiar, la memoria y la idea de que el pasado siempre reordena el presente
Una historia de mujeres en tránsito
La protagonista es una escritora recién separada que viaja desde Nueva York a Europa junto a su hija mientras atraviesa el final de una relación y el comienzo de otra etapa vital. La estancia en Sicilia, en medio de un verano marcado por tormentas, incendios y la presencia del Etna, sirve como marco para una exploración más amplia sobre el tiempo, la herencia y las formas del cuidado
La novela también recupera la historia de una abuela que trabajó disfrazada de hombre en excavaciones arqueológicas a comienzos del siglo XX, un dato que se enlaza con la explotación, la desigualdad y el lugar de las mujeres en distintas épocas
Tiempo, memoria y frontera
En la entrevista, Luiselli explicó que el libro nació de preguntas sobre el origen, la división y la experiencia de estar “en el medio”: entre la infancia y la adultez, entre la maternidad y la filiación, entre la escritura y la traducción. Esa tensión se traduce en una estructura fragmentaria, con cuatro partes, capítulos breves, subtítulos encadenados, fotografías y un QR con sonidos naturales vinculados a la historia
La autora dijo que el sonido fue clave en el proceso de escritura y que, en los últimos años, su trabajo con grabaciones de la frontera México-Estados Unidos la ayudó a afinar otra manera de escuchar. Esa experiencia también atraviesa la novela, que incorpora agua, tierra, aire y fuego como elementos narrativos y simbólicos
Una mirada política del presente
El libro aborda además la extranjería, la hostilidad hacia migrantes y el desgaste de las fronteras como idea política. Luiselli sostuvo que el Estado nación quedó viejo frente a los desplazamientos actuales y que las leyes de asilo resultan insuficientes, sobre todo ante la migración climática
Para la escritora, el cuidado no circula en una sola dirección: pasa de madres a hijas y también al revés. En esa lógica, la novela convierte la relación entre generaciones en una forma de lectura mutua, donde criar, traducir, recordar y escribir aparecen como gestos inseparables