Xi Jinping inició septiembre con una agenda poco habitual: una serie de viajes que lo llevan por cuatro países e incluyen tres visitas de Estado, dos cumbres multilaterales y un encuentro de alto con Donald Trump. El objetivo político es nítido: presentar a China como un actor previsible y confiable en un escenario internacional que Pekín considera alterado por la presión de Estados Unidos
Una señal hacia el Sur Global
Desde la pandemia, el líder chino redujo con fuerza sus desplazamientos al exterior. Por eso, su presencia en Kirguistán, Egipto, India y Estados Unidos marca un giro llamativo. En la mira de Pekín están especialmente los países en desarrollo, a los que busca convencer de que China ofrece continuidad, comercio, inversión y un liderazgo menos errático que el de Washington
La primera escala fue en Bishkek, donde Xi participó de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, un foro de seguridad y economía de diez países al que suelen asociar con un contrapeso a la influencia norteamericana. Allí coincidió con Vladimir Putin y Masoud Pezeshkian, entre otros dirigentes
Diplomacia selectiva antes de Washington
Después pasó por El Cairo y a mediados de mes tiene previsto viajar a Nueva Delhi para una cumbre de los Brics. Más adelante, cerrará el mes en la Casa Blanca, donde Trump lo recibirá con una cena de Estado. La última vez que ambos se vieron fue en mayo, en Pekín
Para los analistas, la secuencia no es casual. Xi parece combinar distintos frentes: acercamiento a Rusia, guiños al Sur Global y preparación para una negociación directa con Trump. La idea de fondo es mostrar que China conserva margen de maniobra y una red de opciones internacionales propia
Donde retrocede EE.UU., avanza Pekín
La gira también apunta a zonas donde Estados Unidos perdió parte de su influencia. En Egipto, uno de los principales receptores de asistencia militar norteamericana, Xi coincidió con el cierre de ejercicios aéreos conjuntos entre fuerzas chinas y egipcias, una práctica reciente
Además, el viaje se produjo poco después de nuevas sanciones norteamericanas vinculadas con Irán, un contexto que Pekín busca aprovechar para presentarse como socio alternativo
En paralelo, hubo una ausencia significativa en la agenda: la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Xi no planea asistir, pese a que en ese momento ya estará en Washington. La decisión refuerza la idea de que Pekín prefiere escenarios donde puede controlar mejor las reglas y la dinámica política