El oasis de Bahariya, en Egipto, quedó marcado por una pérdida doble. Primero, por la desaparición de sus fósiles originales; después, por el intento de reconstruir desde cero un mundo prehistórico que había quedado reducido a cenizas en Múnich en 1944

Hoy, el paleontólogo Hesham Sallam, de la Universidad de Mansura, encabeza una campaña de excavaciones junto con sus estudiantes para recuperar ese registro perdido. El trabajo se desarrolla en el mismo sitio donde, a comienzos del siglo XX, el geólogo alemán Ernst Stromer encontró los primeros huesos de dinosaurio del territorio egipcio, entre ellos el primer ejemplar conocido de Spinosaurus aegyptiacus

Fósiles destruidos y una búsqueda que vuelve a empezar

Stromer trasladó esos restos a Múnich, donde algunos llegaron a ser exhibidos. Cuando la guerra se intensificó, pidió resguardarlos en un lugar seguro, pero el pedido fue rechazado. El bombardeo del 24 de abril de 1944 terminó por destruir por completo los únicos fósiles conocidos de ese sitio

Durante décadas, Bahariya quedó en gran parte sin explorar. Recién en 2000, el paleontólogo Matt Lamanna retomó las excavaciones y halló una nueva especie: Paralititan stromeri, un titanosaurio nombrado en homenaje a Stromer. Más tarde, una nueva expedición fue financiada, aunque las tensiones regionales llevaron a que Sallam tomara el mando del proyecto

Hallazgos que amplían el mapa fósil

Bajo la dirección de Sallam, el equipo egipcio empezó a encontrar nuevas piezas. En 2018, dos de sus estudiantes, Shorouq Al-Ashqar y Belal Salem, reunieron varios fragmentos óseos. Tras un análisis de laboratorio, concluyeron que no pertenecían a un dinosaurio, sino al ala de un pterosaurio

Ese hallazgo aportó la primera evidencia de que estos reptiles voladores sobrevolaron hace casi cien millones de años la zona que hoy ocupa Egipto. Los resultados fueron publicados este año en Acta Palaeontologica Polonica

Un ecosistema sin refugio

La investigación también reforzó la imagen de Bahariya como un ambiente dominado por grandes depredadores. Allí convivieron formas terrestres, acuáticas y voladoras, una combinación poco común en el registro fósil regional

En 2022, el mismo grupo anunció el hallazgo de un abelisáurido de cara achatada, un carnívoro emparentado con el Tyrannosaurus rex, aunque con brazos aún más reducidos

La gran incógnita sigue siendo Bahariasaurus ingens, el gran terópodo bautizado por Stromer en 1934 y perdido desde la destrucción de los fósiles. Para Lamanna, es su “ballena blanca” entre los dinosaurios. Sallam, consultado sobre si había encontrado restos de esa especie, respondió con una sonrisa y una frase breve: encontraron cosas, pero todavía falta esperar