Una postal que tardó en volverse mito

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el mundo buscaba imágenes capaces de devolver algo de normalidad. En ese clima, la revista LIFE le encargó al fotógrafo francés Robert Doisneau una serie sobre el París de la posguerra. Entre esas tomas apareció El beso del ayuntamiento, realizada en abril de 1950 desde la terraza del desaparecido café Villars, en la rue de Rivoli

La foto pasó casi inadvertida cuando se publicó en junio de ese año. Recién a comienzos de los años 80 volvió a circular con fuerza, fue reeditada como póster y se transformó en un fenómeno comercial: postales, calendarios, anuncios y cientos de miles de copias vendidas convirtieron la escena en una de las imágenes más reconocibles del romanticismo parisino

La disputa por los protagonistas

Con la fama llegaron los reclamos. Varias parejas aseguraron ser las de la imagen y Doisneau recibió decenas de cartas. Entre los más insistentes estuvieron Jean Louis y Denise Lavergne, que incluso iniciaron acciones judiciales para obtener una parte de los derechos

En paralelo apareció Françoise Bornet, que afirmó haber posado junto con su entonces novio, Jacques Carteaud. Más tarde, el propio Doisneau terminó por confirmar que ellos habían sido los verdaderos protagonistas. Dijo que los había visto en un café y que les pidió posar en la calle

El fotógrafo también reconoció que la escena no había sido espontánea. Esa admisión abrió una discusión más amplia sobre el valor de una fotografía construida: para algunos, una puesta en escena restaba documentalidad; para otros, reforzaba su dimensión artística

Juicios, dinero y desgaste

En 1993, la Justicia rechazó el reclamo de los Lavergne. Después, también fue desestimado el pedido de Bornet, aunque Doisneau sostuvo que en su momento había pagado lo acordado por la toma, algo que fue ratificado por Carteaud, quien habló de 500 francos como remuneración por posar

La historia todavía tuvo un último giro en abril de 2005, cuando Bornet subastó la copia autografiada que Doisneau le había enviado años atrás. Esperaba obtener entre 15 mil y 20 mil euros, pero la puja llegó a 185 mil

El conflicto dejó una huella dura en el fotógrafo. Doisneau murió en 1994, a los 81 años, un año después de que se resolviera la disputa. Su hija Annette aseguró que la célebre foto había arruinado sus últimos años de vida

El recorrido de un fotógrafo de la calle

Robert Doisneau nació en Gentilly en 1912. Quedó huérfano de madre a los siete años, estudió en una escuela técnica vinculada a la industria del libro y luego se formó de noche en dibujo. A los 17 años se recibió de grabador litográfico y empezó a fotografiar objetos antes que personas, por timidez

Su primera cámara, una Rolleiflex, la compró gracias a un encargo del alcalde de Gentilly para registrar calles y edificios. Más tarde trabajó con André Vigneau, publicó su primer reportaje en L’Excelsior y en 1934 ingresó como fotógrafo industrial a Renault. Tras dejar la fábrica, se independizó con mejor equipo y siguió su carrera en la calle

Durante la guerra fue incorporado al ejército, pero fue dado de baja por razones de salud. Luego retrató la liberación de París y la entrada de Charles de Gaulle por los Campos Elíseos. Más adelante trabajó para la agencia Rapho y publicó en revistas francesas e internacionales como Réalités, Paris Match, Regards, LIFE, Squire y Vogue

En 1956 ganó el premio Niépce con Instantáneas de París. Con los años se volvió conocido como el fotógrafo de la gente común. Dejó más de 450.000 negativos y una frase que resumió su mirada: no fotografiaba la vida tal como era, sino como le habría gustado que fuera