Una escena poco habitual volvió a poner al yaguareté en el centro de la atención en los Esteros del Iberá, en Corrientes. En Rincón del Socorro, una hembra llamada Jasy’i quedó en la copa de un árbol mientras abajo la rodeaba una manada de pecaríes

Lejos de tratarse de una rareza aislada, la imagen refleja un proceso que gana intensidad en la región: el retorno de una especie clave para el equilibrio del ecosistema y catalogada en peligro crítico de extinción en la Argentina

Una reintroducción que ya muestra resultados

Jasy’i nació en semicautiverio, pero es completamente salvaje. Creció en la zona de reintroducción de la Isla de San Alonso y luego fue trasladada a Rincón del Socorro para favorecer su cruce con un macho. Los especialistas creen que podría estar embarazada

Según los equipos de conservación, los pecaríes representan una amenaza real cuando se mueven en grupo. El yaguareté puede cazarlos, pero suele hacerlo por sorpresa. En manada, esos animales se vuelven un rival difícil de enfrentar

El trabajo de restauración ambiental en Iberá forma parte de un programa más amplio que también incluye otras zonas del país, con la donación de tierras para reservas y la reintroducción de especies nativas extintas o amenazadas

Un felino clave para el equilibrio del ambiente

La presencia del yaguareté funciona como indicador de salud ambiental. Su regreso implica que también están presentes las presas de las que se alimenta y los recursos que sostienen a toda la cadena trófica

En Iberá, los especialistas observan una recuperación sostenida de la especie. En los últimos cinco años se registraron 50 ejemplares, aunque varios se desplazaron a otras áreas. Hoy se estima que quedan al menos 25 individuos en la región

El impacto ya se nota en el ambiente. En las áreas donde se liberaron los primeros ejemplares, disminuyó la población de carpinchos, su presa principal. Eso permitió que ciertos pastizales se recuperaran en altura y biomasa

También se detectó una mayor efectividad de aves que nidifican en pastizales. Los investigadores creen que la presencia del yaguareté podría estar reduciendo a los zorros, que depredan sus huevos

Una especie todavía amenazada

A pesar de estos avances, la situación de la especie sigue siendo delicada. En el país quedan menos de 300 ejemplares, distribuidos en las yungas, el Gran Chaco y la selva misionera

Antes de la intervención humana, el yaguareté ocupaba una franja mucho más amplia del territorio argentino. Llegó a estar presente incluso en zonas de Río Negro, Neuquén y Buenos Aires

Sus dos amenazas principales continúan siendo la destrucción del hábitat y la cacería furtiva. Entre 1985 y 2024 se perdieron 386.456 kilómetros cuadrados de cobertura natural en el país, lo que fragmenta cada vez más el espacio donde puede vivir la especie

Cuando el hábitat se reduce, aumentan los encuentros con personas. En esos casos, el miedo suele alimentar la idea equivocada de que el yaguareté es una amenaza, algo que los especialistas rechazan

Turismo, conservación y conflicto

La caza del yaguareté está prohibida en todo el país. La ley prevé penas de prisión e inhabilitación para el uso de armas, aunque desde 2005 ninguna causa por este tipo de hechos terminó en condena

En Iberá, el último ejemplar silvestre fue cazado hace entre 70 y 80 años. La reintroducción comenzó en 2021 y se consolidó como uno de los proyectos de restauración más visibles del país

Además del impacto ecológico, el regreso del felino impulsó el interés turístico en la zona. También persisten tensiones con algunos ganaderos, aunque los equipos de conservación remarcan que hay apertura al diálogo y que, ante cada avistamiento, suelen avisar a las autoridades o a los responsables del programa