Un viaje convertido en récord

Karl Bushby, exparacaidista del Ejército Británico, empezó en noviembre de 1998 una travesía excepcional desde Punta Arenas, Chile, con destino final en Hull, Inglaterra. Su objetivo era simple en el papel y descomunal en la práctica: llegar caminando, sin usar ningún medio de transporte, y no regresar a su hogar hasta cerrar el recorrido

La expedición, conocida como Goliat, ya supera las dos décadas y media y se ha transformado en una de las caminatas más largas registradas. En ese tiempo, Bushby acumuló más de 49.110 kilómetros y atravesó 25 países, siempre bajo la misma premisa

Una ruta atravesada por extremos

El camino lo llevó por la Patagonia, el desierto de Atacama, selvas, montañas y regiones cercanas al Ártico. La variedad de escenarios exigió una resistencia física y mental fuera de lo común, además de una capacidad constante para adaptarse a condiciones cambiantes

Entre los episodios más exigentes de la travesía figuran el cruce del Tapón del Darién en 2001, entre Colombia y Panamá, y el paso por el estrecho de Bering en 2006, caminando sobre el hielo durante el invierno. Ambos hitos quedaron entre los momentos más extremos de toda la expedición

Retrasos, límites y soluciones inesperadas

El avance también se vio interrumpido en varias oportunidades. En 2020, Bushby quedó varado en Asia Central por problemas de visas y por las restricciones derivadas de la pandemia de coronavirus

Más tarde, en 2024, buscó una alternativa para seguir hacia Europa sin pasar por Rusia ni Irán. Entonces recorrió 288 kilómetros por el mar Caspio hasta Azerbaiyán en 31 días. Durante ese tramo utilizó una embarcación solo para descansar, no para desplazarse

La última frontera antes de volver a casa

Al 6 de junio de 2026, Bushby estaba a unos 900 kilómetros de cumplir su meta. Su plan es llegar a Calais, Francia, y resolver después el tramo más delicado de todo el viaje: cruzar el Canal de la Mancha sin abandonar su regla de no usar transporte

Su primera opción es obtener permiso para atravesar a pie el túnel de servicio del Eurotúnel. Si eso no ocurre, contempla nadar los 33,7 kilómetros que separan Francia de Inglaterra. Tras casi 28 años de marcha, el final de una travesía histórica parece estar cada vez más cerca