María Consuelo Córdoba tiene 58 años y vive en Bogotá luego de haber llegado desde Istmina, Chocó, con quien entonces era su esposo. Su vida cambió en el año 2000, cuando una discusión por su decisión de permanecer en la capital terminó en una agresión con ácido que le dejó lesiones graves en el rostro
La mujer relató que no entendió de inmediato qué le habían arrojado, porque el líquido estaba guardado en una caneca de aguardiente. Después sintió un ardor intenso, huyó del lugar y trató de aliviar las quemaduras echándose agua en la cara
Desde entonces, ha pasado por cerca de 87 cirugías y aún necesita más procedimientos para reconstruir su rostro. También señaló que depende de dos tubos plásticos para respirar y usa una máscara artesanal para protegerse del sol y de la exposición pública
Una vida marcada por la precariedad
María Consuelo asegura que no tiene recursos para cubrir el tratamiento que todavía requiere. Cuenta que sobrevive pidiendo ayuda en buses y estaciones de transporte en Bogotá, mientras paga una habitación en Puente Aranda que cuesta alrededor de 500.000 pesos al mes
A sus problemas de salud se suman las dificultades para costear sus gastos diarios y los controles médicos derivados de las secuelas del ataque
La promesa y la petición
La mujer recordó además que en 2017, durante la visita del papa Francisco a Colombia, le prometió que no recurriría a la eutanasia después de que él le pidiera conservar la esperanza. Sin embargo, afirma que la ayuda prometida para continuar con su proceso médico no llegó
Hoy dice estar cansada y quiere acceder a la eutanasia. Su solicitud refleja el desgaste físico y emocional de más de dos décadas viviendo con las consecuencias de la agresión