Badiraguato, en la sierra sinaloense, vive desde hace décadas bajo la etiqueta de “cuna del narco” por haber sido origen o refugio de varios jefes criminales. Pero esa imagen convive con otra realidad: la de un municipio aislado, con comunidades dispersas, accesos complicados y una población que, en su mayoría, no está ligada a actividades ilícitas
El municipio se ubica a unos 80 kilómetros de Culiacán Rosales y, según el censo de 2010, tenía 6 mil 037 habitantes. Su condición geográfica, sumada a la marginación y la falta de infraestructura, ha sido señalada como parte del contexto que favoreció el arraigo histórico de economías ilegales en la zona
Un nombre nacido en la sierra
Badiraguato es también la cabecera del municipio del mismo nombre y se localiza en las coordenadas 25°21′47″N 107°33′06″O. De acuerdo con la explicación oficial local, su nombre proviene de vocablos cahita-purépecha: ba, “agua”, “arroyo” o “río”; dira, “muchos”; y huata o huato, “cerro”
La interpretación más conocida es “arroyo de muchos cerros”, aunque también se le atribuyen variantes como “el arroyo de las montañas” o “el cerro de muchos arroyos”
El nombre primero se habría aplicado a un riachuelo vinculado a la corriente de Badiraguato, también llamada Río Chico, que nace en la sierra de Los Parra o de Surutato
Una historia que se remonta a 1605
Según la cronología municipal, Badiraguato fue fundado el 24 de noviembre de 1605. Dos años después, en 1607, la Compañía de Jesús entró a las sierras badiraguatenses. El 25 de febrero de 1811 se registró el movimiento de Independencia en Badiraguato, y en 1825 pasó a formar parte del departamento de Culiacán, en la provincia de Sinaloa
Entre sus sitios representativos figuran el río Badiraguato, la presa Adolfo López Mateos, las ruinas de la capilla del panteón construida en 1841, el Templo de San Juan Bautista levantado en 1851, el Palacio Municipal, la Casa de la Cultura, la antigua Casa Cural de 1700, la Rotonda de los Hombres Ilustres, la plazuela municipal y la Iglesia de Santa Cruz
El peso del estigma criminal
La lista de nombres vinculados con Badiraguato es amplia. Entre los más conocidos está Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, nacido en La Tuna, exlíder del Cártel de Sinaloa y hoy condenado a cadena perpetua en Estados Unidos
También figura Arturo Beltrán Leyva, originario de La Palma y cofundador del cártel de los Beltrán Leyva, muerto en 2009 durante un operativo de la Marina en Cuernavaca. A ellos se suma Juan José Esparragoza Moreno, nacido en Huixiopa y considerado uno de los dirigentes históricos del Cártel de Sinaloa, aunque persisten dudas sobre su muerte
En esa relación aparecen además Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”, originario de Santiago de los Caballeros; Ignacio Coronel Villarreal, ligado a la zona y uno de los principales operadores del Cártel de Sinaloa hasta su muerte en 2010; y Rafael Caro Quintero, nacido en La Noria, recapturado en 2022 y procesado por el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena
La influencia territorial y familiar también alcanza a Aureliano Guzmán Loera, hermano de “El Chapo”, así como a Jesús Alfredo Guzmán Salazar e Iván Archivaldo Guzmán Salazar, identificados con la facción de Los Chapitos
La defensa de los originarios de Badiraguato
Frente a ese peso simbólico, voces nacidas en el municipio han insistido en que la mayoría de sus habitantes no tiene relación con el delito. El senador Enrique Inzunza Cázarez, nacido en Badiraguato el 28 de junio de 1972, dijo el 31 de agosto que los badiraguatenses han sido estigmatizados como si todos estuvieran vinculados con actividades delictivas, algo que, subrayó, no corresponde a la realidad
Badiraguato también es lugar de origen del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, nacido el 15 de junio de 1949. El mandatario ha sido señalado por el gobierno estadounidense por su presunta colaboración con la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa
Así, entre historia, geografía y violencia, Badiraguato sigue siendo un municipio donde la fama criminal convive con una vida cotidiana mucho más amplia que el estigma que lo acompaña