De una pérdida personal al compromiso con los animales

Durante casi veinte años, Eduardo Groh Riemersma convirtió el rescate de animales en su forma de vida. En Santiago del Estero era conocido como “El Polaco” y murió el jueves 27 de agosto, a los 49 años, luego de sufrir un grave accidente de tránsito

Su vínculo con los perros no nació como un plan ni como una vocación temprana. Cambió después de la muerte de su perra dogo, cuando su suegro le regaló un animal que había sido rescatado de la calle. Esa experiencia le abrió la mirada sobre una realidad que hasta entonces no había tenido cerca

Él mismo contó que estaba enfocado únicamente en el trabajo hasta que empezó a preguntarse de dónde venían esos perros y qué historia había detrás de cada uno. Ese momento marcó el inicio de una dedicación que ya no abandonó

El refugio que se volvió referencia

En 2006 comenzó a funcionar El Montecito de los Canichones. Primero estuvo en Bandera y después se instaló en la Ruta 16, en el departamento La Banda, donde permaneció durante años como un símbolo del proteccionismo animal en la provincia

Allí llegaron a convivir más de 400 perros, muchos con antecedentes de abandono, maltrato o enfermedades. También recibía animales con discapacidades motrices o sensoriales, además de perros mayores que necesitaban cuidados permanentes

Su de Instagram superó el millón de seguidores, una muestra del alcance que logró su trabajo y de la comunidad que fue reuniendo alrededor del refugio. El nombre del lugar también tenía una marca propia: “canichones”, la palabra que él había popularizado para referirse a los perros callejeros

Una red de ayuda sostenida entre todos

El refugio no se sostuvo solo con su esfuerzo. Madrinas, padrinos, voluntarios y vecinos participaron de manera constante para alimentar, asistir y acompañar a los animales. Groh Riemersma repetía que todo se construía con ayuda colectiva

Además, recorría escuelas de Capital y La Banda para dar charlas, cursos y talleres sobre maltrato y abandono animal. Para él, esa tarea también era una manera de encontrar sentido y libertad en medio de una sociedad que, según decía, estaba demasiado atrapada por el materialismo

Su último rescate

Incluso en sus últimos días mantuvo la rutina de siempre. Horas antes del accidente publicó un video mientras llevaba varios perros a la peluquería canina. El día anterior había repartido alimento a otros refugios gracias a una donación y celebró que la ayuda llegara a quienes seguían dando pelea por los animales

En esa misma recorrida apareció Martina, una perra abandonada que terminó siendo su último rescate. La subió a su camioneta y la llevó consigo. Poco después, su historia quedó interrumpida de manera trágica: murió tras derrapar con su moto en la rotonda de avenida Alsina y Ramón Gómez Cornet

Su partida dejó un vacío profundo entre quienes compartieron su trabajo y reabrió la incertidumbre sobre el futuro de El Montecito de los Canichones, el refugio al que dedicó casi dos décadas de su vida