Juan Bautista Alberdi nació el 29 de agosto de 1810 en San Miguel de Tucumán y, 216 años después, sigue siendo una figura decisiva para entender la política y la organización institucional de la Argentina. Ningún otro pensador del siglo XIX conserva una presencia tan insistente en las discusiones públicas del país

Su vigencia, sin embargo, no se explica por una doctrina cerrada. Alberdi escribió mucho, cambió varias veces de posición y dejó un pensamiento que admite lecturas muy distintas. Esa flexibilidad, más que una falla, es una de las claves de su permanencia

Un fundador lleno de tensiones

Integrante de la Generación del 37, pasó por el exilio en Montevideo, Valparaíso y París. Fue un polemista duro contra Domingo Faustino Sarmiento, defendió a un obrero que había matado a su patrón y, al mismo tiempo, elaboró una idea de país apoyada en la propiedad privada y en un orden constitucional estable

Su obra más influyente, Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, fue escrita en Valparaíso en 1852, poco después de la caída de Juan Manuel de Rosas en Caseros. Ese texto funcionó como una de las bases intelectuales de la Constitución de 1853

Allí dejó una tesis central: la libertad no podía sostenerse solo con consignas, sino que requería condiciones concretas para existir. En esa lógica apareció su fórmula más conocida, “gobernar es poblar”, entendida por él como una política de inmigración capaz de impulsar hábitos de trabajo, comercio e ინსტituciones republicanas

Las frases que todavía dividen

Alberdi también dejó expresiones que hoy generan controversia. Una de ellas, sobre la necesidad de “maquinistas ingleses de origen” para que la libertad funcionara como una máquina, suele leerse como una marca de dependencia colonial. En su contexto, en cambio, formaba parte de una visión pragmática de modernización inspirada en la Revolución Industrial

Su trayectoria tiene otras capas de tensión. De joven escribió en una publicación llamada Muera Rosas, donde llamó a gritar contra el tirano. Más tarde, sin embargo, desconfiaría de una ciudadanía ampliamente alfabetizada, al considerar que la lectura podía acercar al votante común al “veneno de la prensa electoral”

Entre el reformador y el conservador, entre el republicano y el hombre tentado por soluciones más verticales, Alberdi nunca se volvió una figura simple. Esa ambigüedad explica tanto su riqueza como la disputa permanente por su legado

Un legado que vuelve al presente

La discusión actual sobre Alberdi también se alimenta de nuevas lecturas que buscan entender qué parte de su pensamiento sigue viva y cuál fue apropiada de manera parcial por el debate político contemporáneo. En ese campo, su figura aparece menos como un ícono estable que como un autor incómodo, difícil de domesticar

Alberdi murió el 19 de junio de 1884 en Neuilly-sur-Seine, cerca de París, a los 73 años. Estaba arruinado y con graves secuelas de un accidente cerebrovascular. Nunca regresó al país que había ayudado a diseñar desde el exilio. Sus restos fueron repatriados en 1889 y hoy descansan en el cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires