Más de 500 millones de personas que viven en costas de baja altitud están expuestas a un avance del mar casi tres veces superior al promedio mundial, según una investigación reciente. El estudio pone el foco en un fenómeno que suele pasar desapercibido: el suelo se hunde al mismo tiempo que el océano avanza
La clave está en el nivel del mar relativo
Los científicos analizaron el llamado nivel del mar relativo, una medida que combina la subida del océano con el descenso del terreno donde habitan las comunidades. Mientras el aumento global del mar ronda los 3,15 milímetros por año, en las zonas costeras densamente pobladas la media llega a unos 6 milímetros anuales
La diferencia se explica sobre todo por la subsidencia, un hundimiento lento del suelo que amplifica el impacto del cambio climático en ciudades y deltas muy habitados
Las ciudades donde el terreno cede más rápido
Entre los países con mayores tasas de ascenso relativo del mar figuran Tailandia, Bangladés, Nigeria, Egipto, China e Indonesia, con promedios que van de 7 a 10 milímetros por año. También aparecen por encima de la media Estados Unidos, Países Bajos e Italia, con valores de entre 4 y 5 milímetros anuales
En el mapa urbano, los casos más críticos son Yakarta, con 13,7 milímetros por año; Tianjin, con 13,5; Bangkok, con 8,5; Lagos, con 6,7; y Alejandría, con 4. En Yakarta, además, hay zonas que se hunden hasta 42 milímetros al año, mientras otras partes de la ciudad incluso ganan altura
Qué empuja al terreno hacia abajo
Las causas son varias y pueden actuar al mismo tiempo. La extracción intensiva de agua subterránea y la explotación de petróleo y gas son de las más relevantes en áreas urbanas. También influyen la compactación de sedimentos en deltas, el peso de las construcciones sobre suelos blandos y procesos tectónicos de largo plazo
Los investigadores remarcan que no basta con mirar el océano: también hay que medir el comportamiento del suelo para entender el riesgo real en las costas
Cuando la gestión del agua cambia el panorama
Parte de la subsidencia responde a procesos naturales, pero otra parte puede frenarse con políticas públicas. Una mejor administración del agua subterránea, reglas más estrictas sobre las extracciones y la recarga de acuíferos pueden desacelerar el hundimiento y, en algunos casos, detenerlo en gran medida
Tokio suele citarse como ejemplo de recuperación: llegó a hundirse más de 10 centímetros por año y redujo ese ritmo tras intervenir sobre el abastecimiento de agua. En la región de Harris-Galveston, en Texas, una respuesta similar incluyó la creación de un distrito específico para regular el uso del recurso y promover alternativas
Las costas que resisten
No todas las costas siguen la misma tendencia. En Suecia y Finlandia, el rebote postglacial hace que la corteza terrestre suba más rápido de lo que asciende el mar, generando el efecto contrario en algunos tramos del litoral