La Argentina suele considerar que cada declaración internacional favorable a sus derechos sobre Malvinas representa un avance hacia la soberanía. Pero apoyar un reclamo no implica necesariamente asumir los costos necesarios para hacerlo efectivo
Mientras el país contabiliza adhesiones, el Reino Unido sostiene una red comercial, logística y estratégica que respalda su presencia en el Atlántico Sur
Una posición que excede al archipiélago
Malvinas integra una estructura más amplia que combina presencia militar, aprovechamiento de recursos, comunicaciones bioceánicas y proyección antártica
La estrategia británica para la Antártida, publicada en diciembre de 2025, plantea preservar sus intereses soberanos, reforzar la infraestructura científica y ampliar la cooperación internacional. La continuidad territorial, desde esta perspectiva, requiere capacidades y asociaciones además de argumentos jurídicos
Los países vecinos cumplen un papel relevante en esa red. Punta Arenas aporta conectividad aérea y posibilidades de abastecimiento, mientras Montevideo mantiene una conexión marítima con las islas. Chile y el Reino Unido, además, tienen una carta de intención sobre cooperación antártica para el período 2023-2028
Brasil profundiza por su parte su vínculo con Londres. La asociación estratégica bilateral prevista para 2026-2030 incluye cooperación económica, política y de defensa, junto con desarrollo de capacidades, asociaciones industriales y transferencia tecnológica
Estos acuerdos no convierten a Brasil en adversario ni permiten afirmar que cada convenio esté dirigido contra la Argentina. Muestran que los países vecinos pueden respaldar el reclamo argentino y, al mismo tiempo, obtener beneficios de sus relaciones con el Reino Unido
El límite de la solidaridad diplomática
La solidaridad puede ser genuina, pero no equivale a abandonar mercados, inversiones, cooperación tecnológica o facilidades logísticas. Si la relación con Londres resulta más conveniente que asumir los costos de acompañar a la Argentina, el resultado difícilmente supere nuevas declaraciones
Para que Chile, Uruguay y Brasil traduzcan su respaldo en decisiones capaces de limitar la consolidación británica, la Argentina debería modificar esa ecuación. Eso exigiría ofrecer una asociación más valiosa, basada en infraestructura compartida, integración energética, comercio, cooperación científica y una política exterior sostenida
Reclamar solidaridad sin generar incentivos transforma una aspiración en una estrategia incompleta. Deteriorar los vínculos con los países vecinos vuelve aún más difícil ese objetivo
La lección de Hong Kong
La recuperación de Hong Kong muestra cómo puede cambiar una negociación territorial cuando se modifica el poder que la sostiene
La isla había sido cedida a Gran Bretaña a perpetuidad en 1842, después de la primera Guerra del Opio. Parte de Kowloon fue incorporada mediante otra cesión perpetua en 1860. Los Nuevos Territorios, en cambio, quedaron bajo un arrendamiento de 99 años que vencía en 1997
El acuerdo de 1984 estableció la restitución de todo Hong Kong, incluidos los territorios sobre los que Londres invocaba derechos perpetuos. Margaret Thatcher defendió inicialmente la vigencia de los tratados, pero terminó aceptando una solución que reconocía la recuperación de la soberanía china
El vencimiento del arrendamiento y la dependencia de Hong Kong respecto del continente fueron factores decisivos. También pesó la firmeza de una China que iniciaba su transformación económica y contaba con una capacidad de presión imposible de contrarrestar localmente
China todavía no tenía el peso que posee hoy, pero ya representaba una fuerza estratégica suficiente para hacer inviable la continuidad del dominio colonial contra su voluntad. La misma Thatcher que decidió combatir en el Atlántico Sur en 1982 firmó dos años después la devolución de Hong Kong
Capacidades para sostener una posición
Sin un instrumento militar adecuado, las opciones argentinas ante una provocación o un hecho consumado quedan severamente limitadas. Las protestas, los recursos ante organismos internacionales y las reservas jurídicas pueden expresar una posición, pero no aportan por sí solos los medios para respaldarla ni para elevar el costo de nuevas acciones
Construir poder requiere recuperar capacidades de manera sistémica. Una compra aislada puede mejorar un recurso específico, pero una defensa creíble necesita operar y sostenerse en el tiempo
El Reino Unido organiza sus instrumentos para preservar sus intereses. La Argentina debe hacer lo propio. Los vecinos modificarán sus decisiones cuando encuentren razones concretas para hacerlo, y Londres reconsiderará sus posiciones cuando cambie su relación entre costos y beneficios
La soberanía requiere derechos, voluntad y capacidades. Esperar que otros sacrifiquen sus intereses sin construir poder propio equivale a dejar el futuro de Malvinas en manos de quienes hoy las ocupan