La Revolución húngara de 1956, cuyo 70.º aniversario se cumple este año, continúa planteando preguntas sobre el significado de la libertad. La insurrección ocurrió en un país sometido al régimen prosoviético de la República Popular de Hungría, dentro del orden europeo surgido tras la Segunda Guerra Mundial
El 23 de octubre de 1956, estudiantes, intelectuales, obreros y campesinos se levantaron en Budapest. El movimiento reunió a socialistas, católicos, liberales y comunistas desilusionados, y exigió la independencia respecto de la Unión Soviética, el retiro de sus tropas, elecciones plurales, libertad de opinión, fin de la censura y del terror policial, derecho de huelga y salida del Pacto de Varsovia
Durante algunos días, los insurgentes controlaron gran parte del país. Organizaron comités populares, formaron un gabinete multipartidario, liberaron a disidentes y derribaron símbolos soviéticos, entre ellos la estatua de Stalin. También recuperaron la bandera húngara tradicional, perforada para eliminar el emblema comunista
La situación fue favorecida por las vacilaciones del Kremlin después de la muerte de Stalin, la desestalinización impulsada por Nikita Kruschev y las ambigüedades de sectores comunistas húngaros. Mientras Moscú calificaba la rebelión como contrarrevolucionaria, en Occidente despertaba admiración y solidaridad
Sin embargo, los insurgentes quedaron atrapados entre las expectativas de apoyo internacional y la falta de intervención de las potencias occidentales. La crisis del canal de Suez, junto con los acuerdos geopolíticos de Yalta y Potsdam, contribuyó a que Occidente permaneciera dividido y vacilante
El 4 de noviembre, dieciocho días después del inicio de la sublevación, la Unión Soviética lanzó la Operación Torbellino. Los tanques soviéticos aplastaron la resistencia en combates desiguales contra jóvenes con escaso armamento y organización
Murieron más de 2.500 húngaros y 722 soldados soviéticos. Unos 200.000 húngaros marcharon al exilio. El régimen soviético fue restablecido bajo una forma más flexible, conocida como “Comunismo Goulash”, que se mantuvo durante treinta y tres años
El proceso de apertura culminó en 1989, cuando opositores húngaros cortaron de manera simbólica unas alambradas fronterizas entre Hungría y Austria. El episodio, conocido como Picnic Paneuropeo, facilitó la huida de 600 alemanes orientales y ocurrió pocos días antes de la caída del Muro de Berlín
Distintos intelectuales interpretaron la revolución más allá de la mirada bipolar de la Guerra Fría. Arthur Koestler impulsó una campaña de apoyo a la causa húngara, mientras que Ágnes Heller, testigo de los acontecimientos, la entendió como una experiencia de democracia directa, autogestión e insurrección contra el orden establecido en Europa
Para los húngaros, el 23 de octubre es una de las tres fechas nacionales. La conmemoración mantiene presentes las banderas perforadas y la memoria de quienes participaron en la rebelión
La experiencia de 1956 muestra que la libertad puede adoptar formas diversas y contradictorias. También advierte sobre los límites de toda interpretación dogmática de un concepto político complejo y delicado