Muchos problemas sociales comienzan o se agravan cuando los vínculos se debilitan. Una familia que deja de acompañar, una comunidad ausente o encuentros cada vez menos frecuentes pueden profundizar el aislamiento y afectar la salud mental

El desarrollo de una sociedad suele medirse a partir de sus ingresos, su educación y sus oportunidades laborales. Sin embargo, existe otro factor decisivo: el capital social, entendido como la calidad y la frecuencia de los vínculos que las personas construyen

Adicciones y vínculos debilitados

Un estudio realizado junto con la UCA mostró el nivel de fragmentación entre los jóvenes: casi nueve de cada diez que realizan apuestas online lo hacen solos. Además, nueve de cada diez presentan un uso adictivo del celular

El impacto también alcanza a la población adulta. Uno de cada tres porteños manifiesta síntomas de ansiedad o depresión, asociados al uso problemático del celular, las apuestas en línea y el consumo de alcohol o drogas

Por ese motivo, la prevención requiere medir no solo las adicciones consolidadas, sino también el riesgo adictivo. Detectar las señales antes puede permitir una intervención temprana

La situación de las personas en calle

La problemática se vuelve especialmente visible entre las personas en situación de calle. Más del 80% tiene problemas de adicciones o de salud mental, y la soledad o el abandono aparecen entre los principales motivos asociados al consumo

En estos casos, la salud mental puede ser tanto una causa de la llegada a la calle como una consecuencia de esa situación. El aislamiento tiende a profundizarse y puede llevar al rechazo de distintas formas de ayuda

La Ley Nacional de Salud Mental establece que la intervención se habilita ante un “riesgo cierto e inminente” para la persona o para terceros. El debate plantea si es necesario esperar un episodio violento cuando existen situaciones graves de psicosis, consumo y vida en la calle

Herramientas para intervenir antes

En la ciudad funcionan Casas Vinculares destinadas a los casos más críticos de personas en calle, con una atención que combina asistencia social y sanitaria. También existen Centros de Inclusión para personas con problemas de salud mental, patologías duales o adicciones

Además, está previsto que a fin de año comience a funcionar un Centro de Salud Mental junto con la Facultad de Psicología de la UBA. El espacio tendrá capacidad para atender a 100.000 personas por año por ansiedad, depresión, bullying y adicciones

El centro también generará datos clínicos para orientar las políticas de prevención, cuidado y tratamiento. El objetivo es contar con mejores herramientas para actuar antes de que el sufrimiento se transforme en una emergencia

Fortalecer el capital social es una responsabilidad colectiva. Una comunidad capaz de acompañar, detectar riesgos y prevenir puede ayudar a evitar que los problemas de salud mental se vuelvan crónicos o lleguen demasiado tarde a la atención