La guerra en Ucrania atraviesa una de sus etapas más delicadas. El invierno boreal vuelve a plantear una pregunta central: cuánto tiempo podrá Kiev sostener una guerra de desgaste frente a Rusia mientras espera que sus aliados transformen sus promesas de ayuda en armas disponibles
Dentro de Ucrania crecen las voces que consideran necesario explorar una negociación. Oleksiy Goncharenko, diputado de Solidaridad Europea, sostuvo que el país está perdiendo la guerra y reclamó conversaciones sobre neutralidad, OTAN, sanciones, Donbas y el estatuto de la lengua y la Iglesia rusas
Danilo Getmantsev, del oficialista Servidor del Pueblo, afirmó que promover negociaciones y alcanzar la paz debería ser una prioridad. El alcalde de Járkiv, Ígor Terejov, añadió que cualquier acuerdo debe estar respaldado por capacidad militar y garantías concretas
Las posiciones no son idénticas, pero reflejan el cansancio de una sociedad sometida durante años a la guerra. Explorar una salida negociada no equivale a capitular: un alto el fuego no implica reconocer las anexiones rusas ni abandonar la orientación europea de Ucrania
El invierno como instrumento de presión
La capacidad de Kiev para negociar dependerá de que conserve una defensa suficiente. Si su posición se deteriora durante los próximos meses, aumentará la presión para aceptar condiciones desfavorables
Rusia no ha logrado convertir sus operaciones terrestres en una victoria rápida y decisiva. Ante esa dificultad, mantiene ataques contra ciudades, zonas residenciales, infraestructura energética, comunicaciones, transporte e instalaciones industriales esenciales para el funcionamiento del Estado ucraniano
El objetivo es reducir la capacidad material de Ucrania, pero también aumentar el desgaste social. La falta de electricidad y calefacción, las viviendas destruidas, los transportes interrumpidos y los bombardeos constantes pueden impulsar a la población a exigir una negociación
Los ataques del 8 de octubre anticiparon la intensidad de la campaña. Entre los episodios denunciados figura la destrucción de dos ómnibus privados que transportaban trabajadores, con un saldo informado de 30 muertos y numerosos heridos graves
El 10 de octubre, un ataque ruso contra Zaporiyia causó, según los balances difundidos ese día, al menos 20 muertos, incluidos tres niños. También hubo ataques contra Kiev, daños en infraestructura y cortes de electricidad que afectaron servicios urbanos, incluido el metro
La responsabilidad jurídica de cada operación deberá establecerse mediante investigaciones sobre sus circunstancias y objetivos. Sin embargo, las víctimas civiles y los ataques contra servicios esenciales exigen una condena inequívoca
El acuerdo energético entre Washington y Moscú
En este contexto, Donald Trump anunció el 9 de octubre un acuerdo con Vladímir Putin para facilitar exportaciones de diésel ruso. Según sus declaraciones, Rusia suministraría de inmediato más de 300.000 toneladas a Estados Unidos y a los mercados internacionales, con envíos adicionales previstos para noviembre y los meses siguientes
Washington comunicó al mismo tiempo una flexibilización temporal de las sanciones aplicadas a esos suministros. La Casa Blanca presentó la medida como una respuesta al aumento de los precios de los combustibles, aunque representa un giro respecto de la política de presión económica adoptada contra Moscú tras la invasión a gran escala
La eficacia de la decisión para reducir los precios resulta discutible. Redistribuir los suministros no necesariamente incrementará de manera sustancial la oferta global, mientras que el alivio de las restricciones permitirá a Rusia obtener nuevos ingresos y colocar combustible en otros mercados
Volodímir Zelenski calificó la medida de injusta y advirtió que aliviar las sanciones sin una desescalada recíproca transmite una señal de debilidad. Si Moscú obtiene un beneficio económico sin ofrecer una contrapartida verificable en materia de seguridad, Washington reduce su propia capacidad de presión diplomática
La controversia se profundizó porque el anuncio coincidió con conversaciones entre representantes ucranianos y estadounidenses sobre una posible salida negociada. Kiev quedó así frente a una decisión acordada entre Washington y Moscú, con consecuencias directas para una guerra que se libra en territorio ucraniano
La presión sobre Zelenski
El 10 de octubre, Trump afirmó que Ucrania necesitaba un nuevo presidente y sugirió que debía elegir a un dirigente dispuesto a cerrar un acuerdo con Rusia. Zelenski respondió que el presidente ucraniano solo puede ser elegido por su pueblo, no por una autoridad extranjera
El mandatario ucraniano agregó que, si Estados Unidos garantizara un alto el fuego total durante dos meses, sin ataques rusos, Kiev podría organizar elecciones libres, transparentes y seguras
La intervención estadounidense puede debilitar la posición negociadora de Ucrania y alimentar la expectativa rusa de que la presión exterior produzca un cambio político favorable a Moscú. Negociar no significa aceptar cualquier acuerdo ni obliga al país invadido a asumir por sí solo los costos de terminar la guerra
Una paz sostenible también debe establecer qué condiciones acepta Rusia y qué garantías impedirían una nueva ofensiva. La presión sobre Kiev resulta especialmente problemática cuando coincide con el alivio de sanciones a Moscú y la continuidad de los bombardeos
Ataques contra la infraestructura energética
Durante la noche del 9 al 10 de octubre, drones ucranianos atacaron una terminal petrolera en la región rusa de Rostov. El objetivo fue identificado como la terminal Yug Rusi, vinculada al almacenamiento y transporte de productos petroleros, incluidos suministros procedentes de la refinería de Novoshájtinsk. El ataque provocó un incendio y daños en la infraestructura
La operación ocurrió pocas horas después del anuncio del acuerdo sobre el diésel, aunque la coincidencia no demuestra por sí sola que haya sido una respuesta directa. Kiev utiliza desde hace meses drones de largo alcance contra refinerías, depósitos y terminales rusas para afectar la logística energética, los ingresos por exportaciones y el abastecimiento de las fuerzas de Moscú
Washington había pedido a Ucrania que detuviera los ataques contra refinerías. Zelenski habría manifestado su disposición a suspenderlos si Rusia también cesaba los ataques contra las centrales eléctricas ucranianas. La propuesta de reciprocidad difiere de una exigencia unilateral
No todos los objetivos energéticos cumplen necesariamente la misma función militar, por lo que cada operación debe analizarse según sus circunstancias y el derecho internacional aplicable. Al mismo tiempo, la infraestructura petrolera rusa genera ingresos y facilita el abastecimiento de sus fuerzas armadas
El 11 de octubre, Trump anunció que Rusia y Ucrania habrían acordado un alto el fuego limitado a la infraestructura energética. Mientras Kiev y Moscú no confirmen de manera verificable esa información, su alcance debe considerarse con cautela
Incluso si el acuerdo existiera, quedarían pendientes cuestiones centrales: si ambos bandos podrían atacar infraestructura logística o zonas civiles, y si se trataría del primer paso hacia una desescalada general o de un entendimiento destinado principalmente a proteger los suministros petroleros rusos
Ayuda militar y papel europeo
La asistencia militar estadounidense continúa siendo decisiva. Interceptores de los sistemas Patriot y otros equipos complejos dependen de los arsenales y de las cadenas de producción de Estados Unidos
El mecanismo PURL de la OTAN permite desde julio de 2025 que los aliados financien la adquisición de equipamiento estadounidense destinado a Ucrania. Sin embargo, no elimina la dependencia de las capacidades industriales ni de las decisiones políticas de Washington
La incertidumbre sobre la ayuda puede transformar las negociaciones en una carrera para evitar el deterioro de la propia posición. La flexibilización de sanciones al diésel, el reclamo de un nuevo presidente ucraniano y la presión para detener los ataques contra instalaciones petroleras rusas debilitan la confianza de Kiev en Washington
Europa también enfrenta un papel complejo. Está directamente afectada por la guerra, sostiene una parte importante de la asistencia económica y militar y deberá contribuir a cualquier sistema de garantías de seguridad
La Unión Europea y varios de sus Estados miembros aprobaron nuevos recursos para defensa aérea, municiones, drones, guerra electrónica e infraestructura energética. Alemania, el Reino Unido y Francia anunciaron medidas adicionales de apoyo y cooperación industrial
El principal problema es la velocidad. La ayuda financiera no se transforma de inmediato en sistemas operativos, y producir interceptores y municiones requiere tiempo. La distancia entre los anuncios políticos y la llegada efectiva del material continúa siendo decisiva
Las posibles negociaciones trilaterales de noviembre en Emiratos Árabes Unidos también plantean dudas sobre la participación europea. Un acuerdo sobre el futuro de Ucrania que excluya a los países europeos difícilmente ofrecerá un marco estable
Una resistencia con límites
Ucrania ya no depende exclusivamente de las armas occidentales. Su industria de defensa se transformó durante la guerra, especialmente en la producción de drones, sistemas de guerra electrónica, municiones y determinados misiles
Sin embargo, fabricar drones con rapidez no equivale a producir grandes cantidades de interceptores antiaéreos ni sistemas capaces de enfrentar ataques balísticos masivos. La defensa aérea continúa siendo uno de los principales cuellos de botella
Ucrania conserva capacidades militares, experiencia de combate, una industria de defensa en expansión y una red considerable de apoyo internacional. Rusia dispone de mayores recursos humanos e industriales y mantiene cooperación militar y tecnológica con Corea del Norte e Irán, además de profundizar su relación con China
El invierno será una prueba para ambos países. Moscú pretende utilizar la destrucción de infraestructura y el agotamiento social como instrumentos de presión. Kiev necesita mantener operativas sus redes energéticas, sus ciudades y sus defensas
La paz que está en juego
La negociación no debe plantearse como una alternativa entre continuar indefinidamente la guerra o aceptar cualquier condición para terminarla. La cuestión decisiva es qué clase de paz se busca
Un alto el fuego que congele las líneas actuales no equivale a reconocer jurídicamente las anexiones rusas. Una negociación acompañada de garantías de seguridad tampoco es lo mismo que una salida que deje a Ucrania expuesta a una nueva ofensiva
El acuerdo energético entre Trump y Putin, el reclamo de un nuevo presidente ucraniano, los bombardeos contra Zaporiyia y Kiev y el ataque contra la terminal petrolera rusa muestran que la diplomacia y la guerra avanzan en direcciones contradictorias
Una paz duradera requiere compromisos verificables de Rusia, garantías creíbles para Ucrania y un marco diplomático que incluya a los países europeos afectados. Si se exige a Kiev que detenga sus ataques energéticos, también debe abordarse la campaña rusa contra la infraestructura eléctrica ucraniana
El invierno boreal de 2026-2027 no necesariamente decidirá quién gana la guerra, pero puede modificar las condiciones de las negociaciones posteriores. La capacidad ucraniana para proteger su infraestructura, mantener abastecidas sus ciudades, conservar sus posiciones y recibir municiones y defensas aéreas será determinante
El resultado no se medirá solo por los kilómetros que avance Rusia en el Donbas. También importarán los misiles interceptados, los drones derribados, la electricidad conservada, las armas producidas y los sistemas prometidos por Estados Unidos y Europa que lleguen antes de que el invierno alcance su máxima intensidad
La credibilidad de la diplomacia estadounidense se convirtió en otra variable central. Una paz que premie la coerción y carezca de garantías sólidas puede detener temporalmente los combates sin resolver las causas de la inseguridad
La negociación será indispensable para terminar la guerra, pero su resultado dependerá de que la presión no recaiga exclusivamente sobre Kiev. La paz no se medirá solo por la firma de un documento, sino por su capacidad para detener los ataques, proteger a la población agredida y evitar una nueva ofensiva