Durante la adolescencia, la inclinación natural hacia el humor puede quedar opacada por el clima de una época. En la Argentina de la década del 70, la tensión política y la exaltación de la violencia impusieron una mirada solemne que relegó la alegría y la ironía

El humor que no respondía a una finalidad política era considerado superficial o incluso cómplice de las tragedias del momento. La gravedad se convirtió en una regla cultural y terminó desplazando hasta aquellas expresiones de picardía que alguna vez habían sido celebradas

La literatura como refugio de la ironía

La lectura permitió conservar, casi de manera inadvertida, una relación íntima con el humor. Primero aparecieron autores ingeniosos como Jardiel Poncela y Wimpy; más tarde, formas de ironía más elaboradas en Wilde, Shaw, Russell, Borges y Macedonio Fernández, junto con las excentricidades de Federico Peralta Ramos

La cercanía entre el humor y el pensamiento atraviesa siglos de cultura. Demócrito y Bergson son apenas dos nombres de una extensa tradición

También pueden recordarse la observación de Shakespeare sobre quien sonríe después de un robo, la disputa imaginada por Umberto Eco alrededor de un supuesto tratado de Aristóteles sobre la risa y la importancia que Erich Kleiber atribuía a transmitir el sentido del humor a sus hijos

Una herramienta para comprender la realidad

El humor no se limita a provocar una carcajada. Puede ayudar a aflojar conflictos cotidianos y abordar problemas más profundos. En sus formas más refinadas, el ingenio permite descubrir verdades que exceden ampliamente el chiste que las contiene

Por eso también podría entenderse como una práctica que se aprende y se cultiva. Puede comenzar en el ambiente familiar, incorporarse como una disposición para enfrentar la vida o incluso estudiarse desde distintas disciplinas

Su utilidad alcanza ámbitos diversos: podría acompañar tratamientos médicos, iluminar preguntas filosóficas y estimular el trabajo científico, como ocurría con Einstein. También puede aparecer en circunstancias extremas, incluso en momentos marcados por el dolor, como lo muestra la historia del sargento herido que responde que una enorme tacuara clavada en su pecho solo le duele cuando se ríe

Una compañía al alcance de todos

El humor puede acompañar a una persona durante toda su vida. No exige riqueza ni habilidades extraordinarias, sino una disposición para atravesar obstáculos, moderar la ira, despejar la mente y buscar alternativas

Lejos de estar asociado necesariamente con la estupidez, puede acercarse tanto a la inteligencia como cada persona esté dispuesta a cultivarlo