La elección de una nueva autoridad al frente de la Organización de las Naciones Unidas ofrece una oportunidad para revisar el rumbo internacional de la Argentina y debatir qué política exterior puede acompañar su desarrollo interno
En un mundo interdependiente, la política exterior no debería responder a impulsos electorales ni limitarse a una sucesión de episodios. Debe construirse a partir de decisiones racionales, vinculadas con la realidad nacional y capaces de equilibrar valores, intereses y transformaciones globales
Multilateralismo frente a la lógica de la fuerza
La creciente influencia de los esquemas de poder duro y de las áreas de influencia plantea riesgos de subordinación. Frente a esa tendencia, la gobernanza global y la diplomacia multilateral ofrecen herramientas para abordar un escenario internacional cada vez más complejo
La ONU reúne a 193 Estados soberanos y no constituye una organización supranacional. Su funcionamiento depende del compromiso de sus miembros con los principios de la Carta, aun cuando los países más poderosos tengan una influencia mayor y cinco de ellos cuenten con poder de veto
La reducción del presupuesto de la organización, estimado en 4.000 millones de dólares, contrasta con el crecimiento del gasto militar mundial, que alcanza los 2,89 billones de dólares, y con la existencia de más de 65 conflictos. La respuesta a este panorama debería incluir más diplomacia y menos armamentismo
Revisar el posicionamiento argentino
La política exterior argentina ha tomado distancia de espacios y posiciones que históricamente tuvieron relevancia para el país. Entre esas decisiones se encuentran la disociación del Pacto del Futuro y sus anexos, el retiro de la Organización Mundial de la Salud, la adhesión a la Junta de la Paz y la salida de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano
También se señala una menor prioridad otorgada al cambio climático y al Acuerdo de París, junto con votaciones en la Asamblea General de la ONU que, en distintos casos, se alejaron de los socios tradicionales de la Argentina: el Mercosur, los países de la región, la Unión Europea, África y Asia
El país debería abandonar el papel de espectador y participar activamente en la gobernanza global. Para eso necesita una estrategia institucional, profesional y alejada de alineamientos automáticos o amistades coyunturales
Diez prioridades para una agenda internacional
- Establecer relaciones pragmáticas y no ideológicas con todos los Estados, guiadas por los intereses y valores nacionales.
- Fortalecer los vínculos con los países con los que existen acuerdos de libre comercio, especialmente con los integrantes de la Unión Europea.
- Recuperar un compromiso activo con el multilateralismo, el Derecho Internacional y los principios de la Carta de la ONU, incluyendo el regreso al Pacto del Futuro y a la Organización Mundial de la Salud.
- Promover el poder blando argentino mediante la cultura, la educación, la ciencia, la tecnología, la innovación, la ecología y el deporte.
- Impulsar viajes oficiales y de trabajo del presidente y del ministro de Relaciones Exteriores con agendas precisas y objetivos bilaterales definidos.
- Coordinar políticas con socios y aliados desde una perspectiva estratégica y de largo plazo.
- Reafirmar la posición argentina en derechos humanos, género y cuestiones sociales, considerando la jerarquía constitucional otorgada en 1994 a once instrumentos internacionales.
- Retomar la política histórica de votación argentina sobre Palestina en el ámbito de la ONU.
- Recuperar posiciones tradicionales en materia de desarrollo y asuntos sociales, en coordinación con los países de la región.
- Trabajar con el Mercosur para abrir mercados y promover tratados de libre comercio, además de impulsar reglas globales para la inteligencia artificial que favorezcan su desarrollo en beneficio de la humanidad.
Malvinas y continuidad diplomática
La cuestión de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes debe conservar un lugar central. La Constitución Nacional de 1994 establece la reafirmación de los derechos soberanos argentinos y la recuperación pacífica de esos territorios como un objetivo permanente
La negociación diplomática requiere continuidad y el respaldo de amigos y aliados. En ese proceso, la coordinación internacional puede contribuir a sostener los reclamos argentinos y evitar el aislamiento
Una política con respaldo interno
Para que esta hoja de ruta sea sostenible, necesita consenso político, apoyo del Poder Legislativo y participación de los sectores representativos de la actividad privada y de la sociedad
La concordia interna, la convivencia pacífica y el respeto por los principios republicanos también son activos de política exterior. Generan confianza y permiten que la Argentina contribuya a un multilateralismo eficaz frente a las grandes crisis del siglo XXI
El desafío consiste en construir una política exterior multidireccional, mesurada y profesional, capaz de defender los intereses nacionales sin reducirlos a una lógica de alineamientos. Más diplomacia, cooperación y visión estratégica deberían ser los pilares de ese camino