Chile ya atraviesa una etapa de envejecimiento poblacional y, para la psicóloga y activista Agnieszka Bozanic, el desafío no está en cumplir años, sino en la forma en que la sociedad trata esa vejez

En una entrevista, sostuvo que el país cambió de fase demográfica y que ese diagnóstico exige dejar atrás la idea de que el envejecimiento es un asunto lejano. A su juicio, el debate ya no puede pensarse como una proyección futura: “ya estamos envejecidos”

La discriminación que se vuelve costumbre

Bozanic ubicó el centro del problema en el viejismo, una forma de discriminación por edad que aparece en frases cotidianas y mensajes sociales como “ya no estás para eso” o “mejor quédate en tu casa”

Según explicó, ese tipo de mandatos se interioriza desde la infancia y termina empujando a muchas personas a limitar sus proyectos antes de tiempo. Para la activista, no se trata solo de un prejuicio: también puede afectar la autoestima, la conducta y la salud física y mental

Incluso señaló que estudios internacionales vinculan la mirada negativa sobre el propio envejecimiento con una menor expectativa de vida frente a quienes transitan esa etapa con una visión más amable y menos punitiva

Envejecer no es solo biología

La especialista remarcó que la longevidad también depende de decisiones colectivas. A su entender, los países donde las personas viven más años son aquellos que desarrollaron mejores políticas públicas en salud y protección social

En ese marco, advirtió que el miedo a envejecer no nace únicamente del paso del tiempo, sino también de la asociación entre vejez y pérdida de valor social, sumada a condiciones materiales como pensiones insuficientes y menor acceso a recursos para sostener una buena calidad de vida

Por eso, planteó que la respuesta debe ser doble: una resignificación personal del envejecimiento y, al mismo tiempo, un Estado que acompañe con mejores garantías

La trampa de la juventud eterna

Bozanic también cuestionó las imágenes culturales que presentan la vejez aceptable como una versión intervenida de la juventud. Según dijo, ese modelo transmite una idea peligrosa porque instala una vara imposible para la mayoría y refuerza la noción de que envejecer con marcas visibles sería algo negativo

Distinguió entre buscar bienestar y perseguir una apariencia juvenil ficticia. En su mirada, sí es posible llegar a edades avanzadas con energía y actividad, pero eso no implica borrar el paso del tiempo ni negar la edad real

El cuidado empieza antes

La activista sostuvo que el vínculo con la vejez no comienza a los 60 años, sino que el proceso de envejecimiento ocurre todos los días. Por eso, llamó a pensar más temprano en los hábitos, la salud mental y los cambios físicos

En el caso de las mujeres, ubicó un punto de inflexión en la perimenopausia, etapa en la que cambian hormonas y también aspectos vinculados con la cognición. Para Bozanic, anticipar esas transformaciones no significa resignarse, sino prepararse mejor para sostener proyectos y bienestar en cada etapa de la vida

La desigualdad también envejece

Bozanic advirtió que hablar de envejecimiento saludable sin mirar el contexto social deja afuera una parte esencial del problema. Señaló que la educación funciona como un factor protector frente a la demencia y que su ausencia impacta directamente en la salud

También cuestionó la distancia entre las recomendaciones de vida sana y la posibilidad real de cumplirlas. Puso como ejemplo la dieta mediterránea y los costos de productos como el aceite de oliva o el salmón en un país con pensiones bajas

En esa línea, criticó que el mercado ya haya identificado a las personas mayores como un nicho, mientras una parte mayoritaria de la población sigue sin poder acceder a esos bienes y servicios