El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció una decisión del Banco Central que habilita a los bancos a usar hasta el 15% de los depósitos en dólares para financiar a empresas que no generen divisas. La medida, muy restringida y con mayores exigencias de capital, busca evitar riesgos de corrida y, al mismo tiempo, ampliar el crédito en moneda extranjera
Caputo justificó el cambio con una idea que resonó en el Gobierno: serviría para “reactivar la economía”. La frase marcó un giro discursivo porque admite, aunque sea de manera indirecta, que la actividad está debilitada en sectores como la construcción, la industria y el comercio
El ajuste empieza a chocar con la recaudación
La desaceleración ya se refleja en los ingresos públicos. Caen tributos ligados al nivel de actividad, como IVA e Impuesto al Cheque, y también se resienten las cuentas de las provincias. En la Ciudad de Buenos Aires, Ingresos Brutos mostró una baja interanual cercana al 10%
El cuadro fiscal también quedó expuesto en el último informe del FMI, que elogió la prudencia de la política fiscal argentina pero agregó una nota al pie clave: si los intereses capitalizados de ciertos bonos se contabilizaran de manera convencional, el resultado global mostraría déficit. El dato quedó atenuado en la letra chica
Menos actividad, menos margen político
La contracción del consumo, los salarios contenidos y el peso creciente de los servicios públicos sobre el ingreso disponible explican parte del problema. A eso se suma la expansión del endeudamiento de hogares y el aumento de la evasión, dos fenómenos que complican aún más la recaudación
El esquema económico también funciona a dos velocidades. El oficialismo impulsa sectores favorecidos por regímenes especiales, como minería, energía y tecnología, pero deja rezagadas actividades con mayor impacto fiscal, especialmente las ligadas al consumo interno
La política se mete en la economía
El enfriamiento económico empezó a mover el tablero político. La caída de la recaudación afecta también a gobernadores y tensa la relación con la Casa Rosada, en especial por fondos y recursos que las provincias consideran propios. En paralelo, crecen los ruidos en el Congreso y se complican las mayorías para el oficialismo
Al mismo tiempo, la incertidumbre sobre la reelección de Javier Milei empieza a filtrarse en el mercado. Distintas encuestas muestran una porción importante del electorado que no quiere volver al kirchnerismo pero tampoco se identifica con el oficialismo, y que mira con interés una tercera opción. Ese escenario, todavía difuso, ya impacta en la percepción de riesgo país
Macri, los gobernadores y la búsqueda de orden
Ante ese panorama, el Gobierno intenta ordenar el espacio no peronista y reordenar su vínculo con Mauricio Macri. La Ciudad de Buenos Aires aparece como pieza central en esa discusión, porque sigue siendo el núcleo político y territorial del Pro
En paralelo, los gobernadores recuperan capacidad de presión. El tratamiento del Presupuesto, los reclamos ante la Corte Suprema y las negociaciones por la reforma electoral prometen más tensión. También se reabrió la discusión sobre una eventual ampliación del máximo tribunal, un tema que obligaría a nuevas negociaciones con aliados y opositores
El mapa que deja este escenario es claro: la economía ya no solo mide inflación o tipo de cambio, sino también gobernabilidad. Y en ese punto, la palabra que Caputo eligió no fue casual: reactivar dejó de ser una promesa ajena y pasó a ser una necesidad del propio Gobierno