La política argentina volvió a separarse de la vida cotidiana de la mayoría. Mientras el oficialismo y la oposición concentran su energía en alianzas, candidaturas, grandes proyectos y reformas de largo aliento, las principales preocupaciones de la gente siguen siendo otras: trabajo, ingresos, corrupción, pobreza y el rumbo de la economía
Ese desajuste alimenta una sensación extendida de cansancio y frustración. También debilita la representación: la discusión pública avanza por carriles distintos de los problemas que dominan la agenda social
Un presente que ya pesa
El rechazo al pasado que llevó a Javier Milei al poder perdió intensidad, pero no desapareció. Aun así, eso no significa una rehabilitación automática de sus adversarios. Axel Kicillof mejoró en varias encuestas recientes, pero conserva una imagen negativa alta, por encima del 50%, igual que Cristina Kirchner, Sergio Massa y Máximo Kirchner
La novedad es que el Gobierno también empezó a acumular su propio desgaste. En julio, la imagen negativa del Presidente trepó hasta un promedio cercano al 63% en estudios considerados serios, y más de la mitad de los consultados cree que su situación personal no mejorará en el corto plazo
El dato más preocupante para toda la dirigencia es otro: ningún referente político logra hoy superar con comodidad el 40% de imagen positiva. La mayoría sigue sin encontrar una opción que ordene expectativas
La campaña llega antes que el voto
En ese contexto, la discusión electoral aparece demasiado temprano y con demasiada incertidumbre. La suspensión de las PASO alteró una regla que aportaba previsibilidad y dejó más abierto el calendario de 2027
La comparación con el fútbol resulta inevitable: los equipos se preparan, pero no terminan de saber cuándo ni bajo qué reglas se jugará cada partido. La política, otra vez, parece moverse sobre un terreno inestable
Una mayoría que no se siente interpelada
La polarización continúa, aunque más reducida. De un lado, el oficialismo libertario; del otro, un peronismo disperso. Entre ambos crece un sector amplio que no se siente representado ni convocado por ninguna figura
Patricio Hernández, de la consultora Methodo, describe ese mapa como una política organizada por dos minorías intensas y una mayoría que funciona en “modo avión”: no indiferente, sino desconectada de manera deliberada
La lógica digital profundiza ese alejamiento. Cuando alguien deja de consumir política, los algoritmos le ofrecen cada vez menos de ese universo. Así, la distancia se vuelve más difícil de revertir
Los outsiders todavía no despegan
En ese vacío aparecen nombres que tantean el terreno sin confirmar una candidatura. Dante Gebel, Jorge Brito y Daniel Hadad forman parte de esa lista de eventuales emergentes que todavía no mueven demasiado las encuestas, aunque sí despiertan interés en círculos de poder
El evento organizado por Hadad en la Facultad de Derecho de la UBA, con presencia de dirigentes, empresarios, jueces y sindicalistas, alimentó especulaciones sobre su verdadero sentido. La presentación del mediometraje El Libertador, hecho con inteligencia artificial y con voces de Arturo Puig y Juan Leyrado, dejó abierta la lectura de que también estaba probando algo más que una obra audiovisual
Por ahora, sin embargo, el “modo avión” sigue predominando. En una sociedad desilusionada, incluso las novedades tienen dificultades para entrar
Un futuro todavía borroso
El rechazo al pasado más lejano, la fatiga por el ajuste reciente y la falta de señales claras hacia adelante componen un cuadro difícil. La caída del poder adquisitivo, la actividad que no termina de reactivarse y la sensación de distancia entre dirigentes y dirigidos refuerzan esa incertidumbre
La política sigue sin encontrar el puente que la acerque a la sociedad. Y, por ahora, tampoco aparecen los planos