BATON ROUGE, Luisiana. Lane Kiffin mira desde su oficina en el centro de entrenamiento de LSU una foto enmarcada de una de sus victorias recientes sobre los Tigers. La escena funciona como recuerdo y como anticipo: ahora está del otro lado, vestido con los colores de LSU y convertido en el gran atractivo de la temporada

La atmósfera en Baton Rouge cambió apenas llegó. El equipo abrirá el curso el 5 de septiembre en casa ante Clemson, y el estadio de LSU se volvió un bien escaso. La expectativa crece no solo por el nombre del entrenador, sino también por el impulso que suele acompañarlo: más apoyo de la afición, más donaciones y más interés de los reclutas

Un arribo marcado por la política y la tensión interna

El desembarco de Kiffin ocurrió después de una cadena de movimientos que sacudió a la universidad. LSU despidió a Brian Kelly, debió afrontar una millonaria compensación contractual y luego atravesó una reestructuración en su estructura deportiva que terminó con la salida del director atlético Scott Woodward y la llegada de Verge Ausberry

Pocos días después de dirigir a Ole Miss en el Egg Bowl, Kiffin dejó Oxford en avión privado y firmó con LSU por siete años y 91 millones de dólares. La operación dejó la sensación de que la temporada no solo será deportiva: también cargará con expectativas políticas e institucionales

Entradas agotadas y un entusiasmo inusual

La demanda por ver a LSU se disparó. Un evento radial con Kiffin agotó sus 250 lugares en unos 15 minutos. Además, el 98% de los abonos fue renovado y llegaron 40.000 pedidos nuevos. En la sección estudiantil, las localidades desaparecieron en cinco horas, muy por debajo del tiempo habitual

Dentro del plantel, el entusiasmo también se siente. El corredor Harlem Berry dijo que el nombre de Kiffin domina las conversaciones entre amigos y familiares. El nuevo entrenador, además, remodeló gran parte del ataque con una clase de transferencias considerada entre las mejores del país, con el mariscal Sam Leavitt entre las incorporaciones más destacadas

El desafío deportivo y el peso de su historia

Kiffin llega a su sexto cargo como entrenador principal desde 2007, con antecedentes de despidos en la NFL y en Southern California, y con salidas que dejaron heridas en Tennessee y Ole Miss. También carga con una reputación polémica, alimentada durante años por su forma de expresarse y por su actividad en redes sociales, que abandonó en la primavera pasada por pedido de su hijo Knox

El técnico asegura que ahora se siente más enfocado en el trabajo y la familia. Dice que aprendió a convivir con la imagen que otros tienen de él y que ya no intenta controlar esa percepción

En lo inmediato, la exigencia será máxima. LSU tendrá un calendario durísimo, con cinco rivales ubicados en el Top 25 previo de la AP, entre ellos Ole Miss, Texas A&M, Texas, Alabama y Tennessee. El duelo del 19 de septiembre en Oxford aparece como uno de los más cargados de tensión, con abucheos asegurados y un operativo de seguridad reforzado

Para Kiffin, ese escenario forma parte del cargo que eligió. En Baton Rouge, todo indica que su etapa apenas empieza y que cada semana tendrá el tono de un espectáculo nacional