La actividad económica, el salario real, el empleo registrado y el consumo continúan siendo cuentas pendientes del programa libertario. Sin embargo, Javier Milei se encamina hacia el año electoral con un escenario político que todavía le resulta favorable
La primera explicación está en la falta de una oposición consolidada, tanto entre los sectores dispuestos a negociar como en el ala más confrontativa. Pero ese no es el único elemento que beneficia al oficialismo
Una propuesta económica sin matices
El primer factor es la firmeza con la que Milei sostiene su interpretación de la economía. Esa posición le permite ofrecer una propuesta fácilmente reconocible para el electorado, aun cuando los resultados de su plan siguen siendo modestos en áreas centrales
En una entrevista radial reciente, el Presidente utilizó la noticia del Premio Nobel de Economía para defender su estrategia. Afirmó que su programa busca estabilizar la macroeconomía incorporando fundamentos microeconómicos y presentó esa definición como una respuesta a quienes reclaman cambios en el rumbo
También fue un mensaje dirigido a Patricia Bullrich, una de las figuras del Gobierno que expresa con mayor claridad las críticas sobre el impacto del plan en la industria, la construcción y el consumo. Tras una reunión de dos horas y media entre ambos, desde el entorno presidencial se transmitió que el modelo no sería modificado
Al referirse al reconocimiento otorgado a Robert Hall y Michael Woodford por sus aportes sobre los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica, Milei buscó ubicar su programa dentro de esa tradición académica
El mandatario vinculó esas ideas con los modelos neokeynesianos, Milton Friedman y su propia experiencia como docente de microeconomía durante 25 años. Su argumento es que el programa oficial no necesita una corrección de orientación neodesarrollista porque, según sostiene, la dimensión microeconómica ya está contemplada
Frente a las críticas que señalan la falta de mejoras visibles en sectores productivos y en la vida cotidiana, Milei insiste en que su enfoque analiza simultáneamente a todos los agentes y mercados, tanto en el presente como en el futuro. De ese modo, evita conceder que exista una falla de diseño que obligue a revisar el núcleo de su política
El Presidente como centro del poder
La segunda ventaja es la centralización política. La Libertad Avanza gira alrededor de Milei, y esa concentración funciona como una defensa para preservar las principales decisiones de gobierno
El Presidente describió su vínculo con Luis Caputo como una relación simbiótica y negó así las versiones sobre un eventual desplazamiento del ministro de Economía. La idea que busca transmitir es que Caputo no representa una línea autónoma, sino la continuidad directa de la política presidencial
La fórmula cumple dos objetivos: ratifica el rumbo económico y refuerza la autoridad de Milei sobre el oficialismo. En el Gobierno, la conducción no aparece repartida entre distintas figuras con capacidad equivalente de decisión
El contraste con el kirchnerismo es evidente. Ese espacio continúa atravesado por la disputa interna y carece de una figura capaz de ordenar al conjunto. Ni siquiera Cristina Kirchner parece disponer hoy de una autoridad suficiente para cerrar esa discusión
El peronismo opositor se estructura, por ahora, alrededor del rechazo al modelo libertario. Pero una identidad construida únicamente sobre la negativa no alcanza para ofrecer un programa de gobierno claro ni para garantizar que una eventual administración futura pueda evitar los conflictos internos que marcaron a los gobiernos de Alberto Fernández y Sergio Massa
La votación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, cuando sectores vinculados a Máximo Kirchner se opusieron mientras la oposición dialoguista permitió su aprobación, permanece como uno de los ejemplos más recordados de aquella falta de coordinación
Alberto Fernández volvió a referirse a esa experiencia y sostuvo que sus desacuerdos con Cristina Kirchner complicaron la gestión. Según su interpretación, haber seguido algunas de las posiciones de la entonces vicepresidenta podría incluso haber agravado la crisis económica
El tiempo como margen político
La tercera condición favorable para Milei es el tiempo. En comparación con los años de gobierno acumulados por el kirchnerismo, la responsabilidad histórica del actual Presidente sobre la crisis argentina todavía aparece, para una parte de la sociedad, como limitada
La pregunta será cuánto pesan tres años de gestión, o casi cuatro al momento de votar, frente a los problemas estructurales del país. Para algunos electores, ese período puede ser suficiente para exigir resultados. Para otros, todavía representa una etapa inicial cuyo desenlace permanece abierto
Ese margen de incertidumbre opera en favor del oficialismo. La evaluación puede formularse de dos maneras: Milei lleva tres años y aún no cumplió, o apenas lleva tres años y necesita más tiempo
En cambio, el kirchnerismo carga con un balance de muchos más años de administración y con el recuerdo de sus resultados económicos. Si ese espacio tuvo 16 años para demostrar la eficacia o el fracaso de su modelo, el oficialismo puede reclamar un plazo mayor antes de ser juzgado de manera definitiva
La claridad frente a una oposición fragmentada
Milei ofrece una visión del país presentada sin ambigüedades. En un contexto de incertidumbre, esa certeza puede funcionar como un activo político, incluso cuando los indicadores económicos todavía no acompañan plenamente su discurso
Su estilo confrontativo le permite mostrarse como alguien que tiene respuestas para los problemas persistentes de la Argentina. Esa actitud lo diferencia de dirigentes peronistas como Axel Kicillof o Sergio Massa, y de otros referentes opositores obligados a revisar o disimular sus posiciones después de años de resultados negativos
El mensaje que el oficialismo procura instalar es que las ideas no serán abandonadas por motivos electorales. La defensa del programa se convierte así en una señal de identidad y también en una forma de desafiar a quienes reclaman moderación
El macrismo, por su parte, perdió parte de su capacidad para diferenciarse. Varias de sus propuestas económicas fueron absorbidas por el mileísmo, mientras sus banderas institucionales quedaron subordinadas a la defensa de la estabilidad macroeconómica
La experiencia de la presidencia de Pro, marcada por el gradualismo en la reducción del déficit y por la continuidad de mecanismos de intermediación social, aparece como el reverso de la estrategia actual. Milei se presenta como alguien dispuesto a sostener su cambio de paradigma sin aceptar los límites que condicionaron a sus antecesores
Las debilidades del kirchnerismo
El kirchnerismo tampoco consiguió construir una respuesta consistente. Durante 2024 mostró algunos indicios de autocrítica sobre el déficit y la inflación, especialmente cuando la mejora de las variables macroeconómicas y la recuperación del crédito comenzaron a favorecer al Gobierno
Con el paso de los meses, sin embargo, regresaron consignas anteriores. Las causas vinculadas con los deudores, la discapacidad y las universidades perdieron impulso o quedaron atrapadas en estrategias judiciales y legislativas de resultado incierto
La dificultad principal sigue siendo la conducción. Milei utilizó el término “Albertítere” para referirse a Alberto Fernández y resumió allí, desde su perspectiva, el problema de un espacio incapaz de establecer una autoridad política definida
El oficialismo, en cambio, no enfrenta por ahora ese conflicto. La centralidad presidencial ordena a sus funcionarios y reduce el margen para que aparezcan líneas internas con autonomía suficiente para discutir el rumbo
Una apuesta todavía abierta
La fortaleza de Milei no garantiza el éxito de su gestión. La experiencia de la elección porteña de mayo de 2025, cuando la consigna “Adorni es Milei” mostró los riesgos de trasladar automáticamente la imagen presidencial a otros dirigentes, recordó que las certezas políticas pueden desgastarse con rapidez
Las figuras que hoy resultan indispensables también pueden convertirse en fusibles si una crisis las alcanza. La pregunta hacia 2027 es si Luis Caputo conservará el mismo peso político o si terminará ocupando el lugar de otros dirigentes que fueron centrales durante un período y luego quedaron expuestos
El interrogante de fondo es económico: si el programa de Milei está profundizando el encierro de la Argentina o si finalmente logrará abrir una salida. Para el kirchnerismo, la respuesta parece más previsible por el peso de su legado y por la falta de una conducción capaz de ofrecer una alternativa renovada
Por ahora, la duda sobre la eficacia definitiva del plan beneficia al Presidente. Si los problemas actuales se interpretan como el resultado de tres años insuficientes, el oficialismo conservará margen para pedir paciencia. Si se leen como la confirmación de un fracaso, la demanda de cambio podría acelerarse
Milei llega a esa disputa con un macrismo integrado en buena medida a su espacio y con un kirchnerismo fragmentado, condicionado por su pasado económico y sin un liderazgo indiscutido. Su apuesta es sostener el rumbo y convertir el futuro en su principal argumento electoral
Para que esa estrategia funcione, necesitará algo más que convicción: deberá conservar el respaldo social durante el tiempo que requiere su modelo. Sin ese apoyo, su gobierno podría quedar como un período de fuerte identidad ideológica, pero destinado a repetir el ciclo regional de oficialismos desplazados cuando la sociedad vuelve a exigir un cambio