Los estados de ánimo siguen siendo una pieza central de la política. En las encuestas recientes aparece un clima dominado por la incertidumbre, la angustia, el enojo y, en menor medida, la esperanza y la confianza. Ese escenario muestra que el malestar que impulsó a Javier Milei al poder no desapareció, aunque sí cambió de forma
Hoy el principal foco de tensión ya no parece ser la inflación, que bajó en la lista de preocupaciones, sino el ingreso que no alcanza. Los salarios bajos y el desempleo encabezan los problemas mencionados por la población. En ese marco, el Gobierno exhibe uno de sus logros más visibles: la inflación dejó de ocupar el primer lugar del desvelo social
El bolsillo, bajo presión
El deterioro del poder de compra sigue siendo una explicación clave del malestar. El salario registrado cayó 8,9% en términos reales desde la llegada de Milei y 3% durante 2025. A eso se suma el aumento de los servicios públicos: las facturas de luz y gas, que a fines de 2023 equivalían al 6% del salario registrado, hoy representan cerca del 15%
También creció la carga de las deudas familiares. Parte de esos compromisos surgió por tasas bajas, pero otra parte responde a una necesidad más urgente: financiar compras básicas. Según datos oficiales, la deuda de los hogares ya pesa 23% sobre la masa salarial total y 12% en relación con el PBI, muy por encima del nivel observado al inicio de la gestión
La suma de tarifas y deuda en el salario registrado pasó del 19% en noviembre de 2023 al 38% en la actualidad. Ese salto ayuda a entender por qué tantos hogares sienten que no llegan a fin de mes
Una agenda que cambió
La inflación, que dominó durante años la conversación pública, hoy aparece relegada en las preocupaciones. El propio Gobierno contribuyó a ese giro. La incógnita es si Milei podrá adaptar su lectura de la realidad al contexto nuevo que ayudó a producir
La pregunta no es menor: un liderazgo necesita mantener sintonía con su tiempo. Cuando eso falla, aparece el riesgo del anacronismo, es decir, seguir respondiendo a problemas que ya cambiaron
Empatía y programa económico
Un punto sensible para cualquier plan de estabilización es cómo trata a sus víctimas. La experiencia histórica muestra que todo ajuste genera perdedores, y que el éxito político depende, en parte, de la capacidad de reconocer ese costo
Dentro del oficialismo conviven dos registros. Uno insiste en que la sociedad debe esperar los beneficios futuros del orden macroeconómico. Otro, más atento al clima político, busca moderar el mensaje y sumar apoyos del centro. En ese intento aparece la necesidad de ampliar la coalición y de revisar el tono
El problema es que una parte importante del electorado no quiere volver al pasado, pero tampoco se siente cómoda con la dureza actual. Ese centro, numeroso pero difícil de representar, reclama equilibrio fiscal, pero también sensibilidad social
Un cierre abierto
El Gobierno sigue siendo competitivo, pero enfrenta una realidad económica que erosiona apoyo. Mientras tanto, se acerca un calendario cargado de definiciones en la región y en el plano internacional. En ese contexto, el desafío de Milei no será solo sostener la estabilización, sino evitar que su propia mirada quede desfasada frente al país que está ayudando a cambiar