En menos de 48 horas, los dos polos políticos más visibles del país dieron señales de reactivación con la mira puesta en la próxima elección presidencial. La charla entre Karina Milei y Mauricio Macri, por un lado, y el encuentro entre Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner, por el otro, funcionaron como espejos: ambos espacios se movieron bajo una lógica defensiva, más atentos a preservar lo propio que a abrir una etapa realmente nueva
La coincidencia temporal no fue lo único en común. También hubo una reacción similar ante el riesgo de fondo: el vacío de representación, el desencanto social y la posibilidad de que surja una figura capaz de capitalizar ese malestar. La amenaza ya no parece venir solo del adversario, sino de la desafección política y del desgaste de las ofertas conocidas
Más conservación que innovación
La conversación entre libertarios y referentes de Pro, y la mesa peronista con gobernadores y legisladores, dejaron una impresión parecida: mucho pragmatismo y pocas ideas nuevas. En el oficialismo, el acercamiento a Pro puede darle volumen legislativo y proyección electoral, pero también lo vuelve más previsible
En el peronismo, la unidad sigue atada a tensiones internas que no se resuelven solo con acuerdos tácticos
El problema de fondo es conceptual. Del lado del Gobierno, la prioridad pasa por consolidar apoyos y sostener gobernabilidad. Del lado del PJ, la discusión arrastra deudas más profundas: el balance del último gobierno, la convivencia entre liderazgos y la necesidad de un relato capaz de dialogar con una sociedad distinta
Rodrigo Zarazaga lo sintetiza así: en contextos de incertidumbre, las fuerzas políticas tienden a volverse conservadoras y a blindar los activos que ya controlan. En esa lógica, el que ocupa la Presidencia aparece como el actor más ambicioso, mientras la oposición busca cerrar filas sobre sus bastiones
La fuerza del “ninguno”
La inquietud no termina en la rosca partidaria. Un estudio del Observatorio Pulsar de la UBA, titulado “El ascenso del ningunismo”, muestra que el 42% de los encuestados no se identifica con ningún partido o espacio, el valor más alto desde 2023
El informe describe a ese sector como el grupo más numeroso de la sociedad argentina, transversal a edades, géneros y niveles educativos. Su rasgo más claro no es la indecisión, sino el menor interés por la política y una ubicación ideológica menos polarizada que la del resto
El trabajo también advierte que el centro ya no funciona necesariamente como una posición programática equilibrada. Puede operar, más bien, como un lugar de refugio o tránsito para quienes no quieren quedar atrapados en las divisiones que ofrece el sistema político
La lectura de fondo es incómoda para la dirigencia: una porción creciente de la sociedad no se siente representada por las categorías habituales ni por los liderazgos en disputa. Ese desajuste alimenta la sensación de que las elecciones ordenan quién gobierna, pero cada vez menos construyen legitimidad estable
Gobierno, Pro y una mesa en reconstrucción
En la Casa Rosada, el objetivo inmediato es llegar a octubre con acuerdos encaminados que permitan aprobar reformas, entre ellas la de las PASO, y mostrar previsibilidad antes de que la campaña altere todo. El diálogo con Pro se combina con conversaciones más intensas con gobernadores afines y con sectores cercanos del radicalismo
La señal interna es clara: bajar el más disruptivo y priorizar resultados. Cerca del Presidente reconocen que el momento exige pragmatismo, aunque eso implique perder parte del atractivo original. En esa transición ganan espacio figuras como Diego Santilli y Patricia Bullrich, por encima de otras más asociadas a la etapa inicial del gobierno
Del lado de Macri, la apertura al diálogo también genera preguntas. Tras haber expresado desconfianza en el Presidente, ahora volvió a asumir el rol de interlocutor central de su espacio. En paralelo, persisten tensiones dentro de Pro entre quienes impulsan el acuerdo y quienes prefieren sostener una autonomía más marcada
Peronismo en equilibrio inestable
La escena peronista tampoco ofrece definiciones cerradas. La reunión del martes reunió a distintos actores, pero tuvo a Sergio Massa como principal articulador. Kicillof aparece como una figura que necesita validación interna, mientras Cristina Kirchner busca conservar margen de maniobra en un tablero que ya no controla como antes
Las PASO quedaron en el centro del consenso posible, más como herramienta de ordenamiento que como señal de reunificación. La discusión de fondo sigue abierta: quién representa al espacio, cómo se define la candidatura nacional y qué lugar queda para la provincia de Buenos Aires
En ese entramado, Cristina parece leer que la disputa presidencial se complica y que la prioridad puede estar en retener la provincia. El cálculo es simple: si el peronismo vuelve a competir por la Casa Rosada, también necesita blindar su base territorial más fuerte
La distancia con la sociedad
Más allá de los movimientos tácticos, el diagnóstico común es duro. El Gobierno y el peronismo parecen concentrados en su propia ingeniería interna, mientras se ensancha una brecha con el humor social. La política se reorganiza, sí, pero todavía no consigue hablarle a una sociedad que mira con desconfianza, vota contra el oficialismo de turno y se siente cada vez menos contenida
El desafío ya no es solo competir entre ellos. Es volver a construir una representación que hoy luce erosionada. Sin eso, cualquier victoria electoral puede resultar apenas provisoria