Zaragoza, 29 ago. Daniel Gascón convierte a Bartleby, el personaje de Herman Melville que rechaza obedecer, en una clave para leer el malestar actual. En Los nuevos Bartleby, el escritor zaragozano examina una sociedad marcada por la fatiga, la incertidumbre y la sensación de que el porvenir ofrece menos certezas que antes
El ensayo recorre asuntos como el agotamiento laboral, la Gran Renuncia, la apatía juvenil, las tensiones entre generaciones, el papel de las redes sociales, la polarización y las dudas que rodean a la inteligencia artificial y al planeta. Además, incorpora la traducción que el propio autor ha hecho de Bartleby, el escribiente
Un retrato del desgaste cotidiano
Gascón explica que eligió a Bartleby porque es un relato que conoce bien y porque ha generado interpretaciones muy diversas. Su intención, sin embargo, es mirarlo desde varios ángulos, combinando literatura, sociología, economía y también humor e ironía
En ese recorrido detecta una cansancio extendido, vinculado a una vida acelerada en la que todo parece hacerse a la vez y, al mismo tiempo, sin llegar a nada. A ello suma una visión del futuro menos ilusionante, atravesada por distopías, cambio climático e incertidumbre sobre el progreso
Trabajo, vivienda y conflicto generacional
El autor sitúa parte del malestar en el mercado laboral. A su juicio, los empleos ya no ofrecen la estabilidad de antes y ocupan una parte importante de la vida, pero no toda. Por eso diferencia entre poner límites al trabajo y rechazarlo por completo, sobre todo para preservar tiempo para el ocio, la familia o los hobbies
También advierte de que algunas demandas de flexibilidad pueden esconder una adaptación a la pérdida de poder adquisitivo. El libro aborda igualmente las dificultades de los jóvenes para acceder a la vivienda y emanciparse en un sistema que, según señala, favorece más a las personas de mayor edad, aunque reconoce que el conflicto entre generaciones es más complejo de lo que parece
Redes, pesimismo y horizonte
Gascón describe las redes sociales como un espacio de ruido y polarización en el que predominan pocas voces y se reduce la diversidad de opiniones. Con todo, también reconoce su utilidad para expresarse y conectar con otras personas. El reto, sostiene, es lograr que el usuario domine la red y no al revés
Frente a esa sensación de agotamiento, defiende recuperar una idea de futuro asociada al progreso. Cree que pensar que no hay salida impide incluso imaginar mejoras, y por eso reivindica volver a la idea de que merece la pena intentarlo. Para él, salir de la burbuja mental, abrirse a la variedad y recuperar el humor sigue dejando espacio para la esperanza