Para muchas personas, la escena se repite al final del día: llegan a casa, encienden la televisión o miran el celular y, en pocos minutos, se quedan dormidas en el sillón. Aunque parezca una simple señal de agotamiento, especialistas en psicología sostienen que ese hábito puede decir mucho más sobre el estado emocional y la relación con la rutina
Más que sueño acumulado
De acuerdo con estos enfoques, dormirse fuera de la cama no siempre tiene que ver con haber llegado “vencido” al final del día. También puede reflejar dificultad para bajar el ritmo, desconectarse de las obligaciones y gestionar la presión cotidiana, la soledad o las tareas pendientes
La Sociedad Española de Sueño advierte que el mal descanso en adultos suele relacionarse con factores fisiológicos, hábitos poco saludables y una higiene del sueño deficiente, entre ellos dormir en lugares que no están preparados para descansar
Entre quienes se duermen con frecuencia en el sofá suelen aparecer perfiles muy cargados de responsabilidades, con varias actividades al mismo tiempo y una sensación de agotamiento mental al terminar la jornada. Aun así, no siempre consiguen relajarse del todo
Refugio emocional y señales de alerta
Desde el ámbito psicológico también se observa que, en algunos casos, esta conducta funciona como una forma inconsciente de evitar el dormitorio y el silencio, sobre todo cuando hay sensación de vacío, aislamiento o pensamientos intrusivos
Además, dormir habitualmente en el sillón puede asociarse con ansiedad, insatisfacción personal y, en ciertas personas, con un deterioro progresivo del descanso nocturno. La tendencia a postergar el momento de ir a la cama también aparece como un rasgo frecuente
Si ocurre una o dos veces por semana, no necesariamente implica un problema. Pero cuando se vuelve una costumbre, puede alterar la rutina de sueño, dificultar el descanso profundo y provocar molestias físicas por la mala postura, especialmente en la espalda