Para Jesús Vila, pocas personas llegan al tatami por casualidad. Después de dos décadas escuchando a sus alumnos, el director de Six Blades en la Argentina identifica un patrón: muchos empiezan a dormir mejor, se animan a cambiar de trabajo, a separarse o a tomar decisiones que venían postergando
Junto con Facundo Sirimarco, quien practica jiu jitsu brasileño desde hace más de 15 años, Vila sostiene que la disciplina excede el entrenamiento físico. Respirar, tolerar la frustración, aceptar una derrota y decidir bajo presión son aprendizajes que también pueden trasladarse a la vida cotidiana
Una clase abierta para principiantes
Vila y Sirimarco ofrecerán una clase abierta en Bienestar Fest, que se realizará el 24 y 25 de octubre en el Hipódromo de Palermo. La actividad del sábado 24 estará dirigida a personas que nunca pisaron un tatami
La propuesta tendrá poco contacto y permitirá aprender a caer, liberarse de una posición y conocer herramientas básicas de defensa. No será necesario contar con experiencia previa ni tener un estado físico particular
Una disciplina basada en la técnica
El jiu jitsu significa “arte suave” en japonés. Nació en Japón y se consolidó en Brasil como un arte marcial cuerpo a cuerpo en el que la técnica ocupa un lugar central. No incluye patadas ni golpes: se trabaja con agarres, posiciones y movimientos que terminan cuando uno de los practicantes se rinde
La disciplina no establece divisiones por peso. Por eso, en una misma clase pueden encontrarse personas de edades, tamaños y experiencias muy diferentes. En el tatami, las diferencias sociales y laborales pierden relevancia: todos deben resolver el mismo desafío con su propio cuerpo y el del otro
Aprender a perder para controlar el ego
Una de las primeras lecciones consiste en aceptar la derrota. Cuando alguien queda atrapado en una posición de la que no puede salir, toca al rival para indicar que se rinde. Ese gesto se conoce como “tapear”
Durante los primeros meses, es habitual tener que hacerlo repetidas veces. También hay que aceptar que una persona con menos experiencia, menor tamaño o menos fuerza puede imponerse. Para Sirimarco, esa experiencia funciona como un cable a tierra para el ego
La lucha también puede revelar cómo actúa cada persona frente a la presión. El ansioso puede luchar con ansiedad y quien llega enojado puede trasladar esa bronca al entrenamiento. Observar esas reacciones permite trabajarlas y llevar ese aprendizaje a otros ámbitos
Respirar y decidir en el presente
En el tatami no hay demasiado tiempo para pensar. Frente a una posición incómoda, la pregunta aparece una y otra vez: qué hacer ahora. La respuesta exige probar, equivocarse, respirar y volver a intentar
Por eso, la respiración ocupa un lugar importante en la enseñanza de Vila. En Six Blades, las prácticas comienzan con algunos minutos de silencio y respiración, una costumbre de la tradición marcial conocida como mokuso. Luego llegan los movimientos, la técnica y las rondas de lucha
Sirimarco describe el entrenamiento como una forma de estar presente. Mientras se lucha, resulta difícil pensar en una reunión futura o en una cuenta pendiente. Frenar, reconocer la posición y elegir hacia dónde avanzar se vuelve parte del ejercicio
La confianza que aparece con la práctica
Vila asegura que lo que cada alumno encuentra depende de aquello que necesita. Algunos buscan descansar mejor; otros, sentirse más seguros. También hay mujeres que cuentan que comenzaron a caminar por la calle de otra manera después de incorporar herramientas de defensa que no dependen del tamaño ni de la fuerza
El propio recorrido de Vila está relacionado con esa idea. Hasta 2012 trabajaba como desarrollador de negocios y daba clases de jiu jitsu en paralelo. Tras ser despedido, decidió dedicarse de lleno a la disciplina. Un año después llamó a su antiguo jefe para agradecerle el impulso que no se había animado a darse por sí mismo
Una comunidad que continúa fuera del gimnasio
Six Blades cuenta con sedes en distintos países de América y Europa, donde se comparte una programación técnica. Vila dirige la escuela en la Argentina desde 2010 y, aunque ocupa el puesto de entrenador principal, continúa considerándose alumno
La comunidad es otro de los pilares de la práctica. Sirimarco suele llevar su kimono cuando viaja y encuentra academias donde puede entrenar. Lo hizo en México, Brasil, España y Perú. Para él, el jiu jitsu funciona como un lenguaje corporal universal
En el tatami se entrenan la paciencia, la humildad, la concentración y la confianza. También se aprende a pedir ayuda, a aceptar la frustración y a resolver cuando aparece la presión. El sábado 24 de octubre, Vila y Sirimarco abrirán esa experiencia en Bienestar Fest para quienes quieran dar su primer paso
La enseñanza, según ambos, es sencilla: se puede caer, tocar el piso y volver a levantarse