Una revisión de más de 350 estudios científicos publicada a fines de julio de 2026 vuelve a poner bajo la lupa una idea muy instalada en nutrición: que consumir más proteína siempre es mejor. El análisis, encabezado por Dudley Lamming, de la Universidad de Wisconsin-Madison, sostiene que bajar la ingesta proteica puede mejorar el metabolismo, reducir el daño celular y, en ciertos casos, prolongar la esperanza de vida
Restricción, no déficit
Los autores no plantean eliminar proteínas ni caer en una carencia nutricional. La diferencia, remarcan, es la restricción. Según la revisión, muchas personas con vida sedentaria consumen más proteína de la que realmente necesitan, algo que podría ser desfavorable para la salud a largo plazo
Lamming resumió que las proteínas sí tienen beneficios para el crecimiento muscular y la respuesta al ejercicio en personas activas, pero que el exceso en quienes se mueven poco puede jugar en contra. El trabajo contó con apoyo del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos y del Programa de Asociación de Wisconsin
La señal del hígado
Uno de los mecanismos centrales identificados es el factor de crecimiento fibroblástico 21, o FGF21, una hormona producida sobre todo por el hígado. Cuando baja la ingesta de proteínas, sus niveles suben. Esa señal aumenta el gasto energético, mejora el control de la glucemia y reduce la inflamación sistémica
En palabras del investigador, el FGF21 impulsa la termogénesis en el tejido adiposo, de modo que el cuerpo no solo almacena grasa, sino que también la usa como combustible. En ratones, niveles más altos de esta hormona se asociaron con una vida más larga. En humanos, reducir proteínas también eleva el FGF21, con efectos metabólicos similares
La revisión incluye un ensayo en 22 hombres jóvenes y sanos sometidos durante cinco semanas a una dieta baja en proteínas. Como en los modelos animales, necesitaron comer más calorías para mantener su peso y sus niveles de FGF21 aumentaron. Ese estudio fue publicado en marzo de 2025
Qué aminoácidos concentran la atención
La mirada de los investigadores se centra especialmente en tres aminoácidos esenciales: metionina, isoleucina y valina. El problema no sería solo cuánta proteína se come, sino qué tipo de aminoácidos la componen. Un consumo alto de estos compuestos activa rutas celulares ligadas al crecimiento que, sin ejercicio regular, se asocian con inflamación, disfunción metabólica y envejecimiento acelerado
No toda proteína pesa igual
Otra investigación publicada en junio de 2026 amplió la discusión al comparar experimentos en ratones con datos de salud de más de 200.000 personas. En animales, una dieta baja en proteínas y de base vegetal, con cantidades moderadas de metionina, se relacionó con menor grasa corporal, menos fragilidad y preservación de la masa muscular
En el análisis humano, quienes consumían más proteína animal, y por lo tanto más metionina y otros aminoácidos esenciales, mostraron el doble de probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2 frente a quienes comían poca o ninguna proteína animal, incluso cuando ingerían menos calorías totales
Para Valter Longo, autor principal de ese trabajo, la clave no está en la cantidad total de proteína sino en su composición. Su equipo describe un patrón alimentario de longevidad basado en proteína vegetal con aminoácidos ajustados, no en una eliminación indiscriminada de proteínas
Cuánta proteína hace falta
La recomendación general vigente sigue siendo de 0,8 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día en adultos. En una persona de 65 kilos, eso equivale a unos 52 gramos diarios
En mayores de 65 años, el rango recomendado sube a entre 1 y 1,2 gramos por kilo para ayudar a prevenir la sarcopenia, la pérdida de masa muscular asociada con la edad. Un ensayo clínico de tres años en 2.066 adultos mayores observó que quienes consumían más proteína perdieron cerca de un 40% menos de masa muscular que quienes registraban la ingesta más baja