Un recorrido entre ciencia, empresa y búsqueda interior
Nicolás Reinoso es ingeniero agrónomo, tiene un MBA y pasó por programas de formación en MIT y Cornell. Vive en Estados Unidos, viaja con frecuencia a la Argentina y se mueve entre la innovación aplicada al campo y las reflexiones sobre vínculos, bienestar y autoconocimiento
Después de dos décadas en el mundo corporativo, hoy da charlas, escribe y conduce el podcast Entrevistas con la mente. Su libro El amor no duele, el ego sí recoge parte de esa mirada y la cruza con lecturas budistas y aportes de especialistas de distintas disciplinas
La crisis que lo hizo frenar
Reinoso ubica el inicio de su cambio personal en enero de 2020, poco antes de la pandemia. Dice que atravesaba enojo, desorientación y una sensación de vacío que lo llevó a detenerse y a profundizar en el budismo, una corriente que ya venía leyendo desde hacía tiempo
Ese proceso tuvo un momento decisivo: una mañana, asegura, experimentó durante horas una calma inusual, sin ruidos mentales ni tensión. A partir de allí empezó a investigar qué le había pasado y encontró en esa búsqueda una nueva forma de entender la conciencia, la empatía y la experiencia humana
El ego como obstáculo para amar
En su planteo, el problema no es el amor sino la mente condicionada. Reinoso sostiene que las experiencias, la educación, la familia, los amigos y el entorno van moldeando reacciones automáticas que luego influyen en la manera de juzgar y elegir a otras personas
Desde esa lectura, muchas relaciones se complican porque cada persona se vincula desde sus heridas previas. Cuando aparece una señal mínima de incomodidad, dice, suele activarse un mecanismo de defensa que empuja a descartar al otro antes de conocerlo de verdad
Vínculos, apps y la ilusión de que siempre hay más
Reinoso ve en las aplicaciones de citas una herramienta ambivalente. Por un lado, permiten encuentros que antes no habrían ocurrido. Por otro, alimentan la sensación de que las alternativas son infinitas y eso vuelve más fácil abandonar un vínculo ante el primer tropiezo
También advierte sobre la idealización del amor romántico y sobre la expectativa de que otra persona venga a completar lo que falta. Para él, la plenitud es una tarea individual y el vínculo funciona mejor cuando dos personas llegan con un trabajo interno previo
Apego, comunicación y madurez emocional
En su visión, soltar no significa olvidar, sino dejar de quedar atrapado en el pasado. Diferencia un apego sano, ligado al deseo, de otro más obsesivo, nacido de la necesidad. Lo mismo aplica para el control, la posesividad y la rumiación después de una ruptura
Frente a las decepciones, propone conversación, apertura y respeto. Y ante el dolor de un amor que no funcionó, insiste en no arrastrar la herida hacia el día siguiente. El objetivo, resume, es aprender a mirar los vínculos sin tanto ruido mental
Una transición entre independencia y encuentro
Reinoso también lee el presente como una transición. Observa que la independencia de muchas mujeres modifica las dinámicas tradicionales y deja a muchos hombres sin herramientas emocionales para responder. En ese cambio, dice, todavía cuesta distinguir independencia económica de independencia afectiva
Su conclusión es simple: el encuentro real no necesita espectáculo ni urgencia. Puede aparecer en una charla tranquila, en un café, en la posibilidad de escuchar al otro sin apuro. Para él, ahí empieza una forma más serena de amar