Un estudio concluyó que apenas tres minutos de ejercicio intenso pueden desencadenar en la sangre una reacción molecular más potente que la observada tras 90 minutos de actividad moderada. Los hallazgos se publicaron en Cell Reports Medicine
Una señal breve, pero más amplia
La investigación analizó seis sprints de 30 segundos en bicicleta a máxima velocidad. Ese esfuerzo activó proteínas y metabolitos conocidos como exerquinas, liberados al torrente sanguíneo después del ejercicio
La respuesta fue mucho más marcada que la registrada con actividad moderada. Según el estudio, el patrón observado se asoció con menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas, además de un envejecimiento biológico más lento
Investigadores de la Universidad Rockefeller observaron que las seis series de 30 segundos modificaron casi una cuarta parte de las proteínas medidas justo después del esfuerzo. Luke Olsen, investigador posdoctoral de esa institución, señaló que las exerquinas son muy sensibles a la intensidad del ejercicio y podrían mediar los beneficios de las ráfagas breves y vigorosas
Paul Cohen, responsable de un laboratorio de metabolismo molecular de la misma universidad, indicó que bastan unos pocos minutos de esfuerzo intenso para activar una respuesta molecular significativa. También dijo que esa señal seguía presente después de ocho semanas de entrenamiento
Más intensidad, más cambios
El ejercicio moderado y continuo durante 90 minutos alteró muchas menos proteínas que los sprints. En la bicicleta a ritmo moderado, los cambios no alcanzaron ni una cuarta parte del 1% de las proteínas analizadas
La carrera moderada en cinta produjo más variaciones que la bicicleta moderada, pero igualmente quedó lejos del impacto del sprint. El estudio sugiere que la intensidad del esfuerzo condiciona la magnitud de la respuesta biológica
También hubo diferencias en el tiempo de reacción. Después del ejercicio moderado, la subida relevante de ácidos grasos y proteínas de origen hepático apareció recién tres horas más tarde
Qué pasó en la sangre
El sprint alteró más de 200 metabolitos y elevó de inmediato proteínas relacionadas con el crecimiento de vasos sanguíneos, la remodelación de tejidos y la señalización hormonal
Una parte de esas proteínas llegó a la circulación por desprendimiento del ectodominio, el fragmento externo de la proteína que sobresale de la superficie celular. Ese segmento se corta, se libera rápido al torrente sanguíneo y puede actuar como señal para otros tejidos
Los investigadores también expusieron células adiposas humanas a sangre obtenida después del sprint. Allí observaron cambios amplios en la actividad génica, con efectos sobre el uso de energía, la respuesta hormonal y la detección de nutrientes
Cuando esas mismas células se expusieron a sangre tomada tras una sesión moderada de ciclismo, las modificaciones fueron menores. Para los autores, eso refuerza la idea de una comunicación entre órganos más intensa después de un esfuerzo breve y máximo
Relación con el riesgo de enfermedad
Al cruzar las proteínas que respondieron al ejercicio con datos de salud de más de 53.000 personas del Biobanco del Reino Unido, los investigadores encontraron asociaciones con menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas
Se trata de una relación estadística, no de una prueba causal. La asociación fue especialmente clara en obesidad, diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos
De 33 proteínas vinculadas con menor riesgo, 32 cambiaron tras el sprint y solo tres después del ejercicio moderado. Más de una cuarta parte también se relacionó con un envejecimiento biológico más lento
Los autores sostienen que la respuesta no parece ser solo el efecto pasajero de un esfuerzo poco habitual, sino una parte propia del ejercicio intenso