Hay personas que sienten que piensan mejor cuando cae la noche. Pero una línea de investigación reciente plantea que, más allá de la preferencia personal, acostarse muy tarde de manera sostenida puede pasar factura
Estudios encabezados por Jamie Zeitzer y Renske Lok, de la Universidad de Stanford, analizaron a más de 70.000 adultos y compararon su cronotipo con la hora real en que se dormían y despertaban. La conclusión fue clara: para reducir el riesgo asociado a trastornos como ansiedad y depresión, el límite debería estar alrededor de la 1 de la mañana
La hora pesa más que la preferencia
Diego Golombek, profesor de la Universidad de San Andrés e investigador superior del Conicet, señala que estos trabajos relativizan la idea de que solo importa si alguien se define como más nocturno o más matutino
El punto central, dice, es qué tan tarde se duerme en forma crónica. Cuando eso ocurre, no se alcanzan a cubrir las horas de sueño necesarias y aparecen consecuencias como somnolencia durante el día, alteraciones del ánimo y, en algunos casos, una asociación con problemas de salud mental
Un país que vive tarde
Golombek advierte además que la Argentina tiene hábitos claramente nocturnos. Las cenas suelen ser tardías y, muchas veces, son el momento principal de encuentro social. Ese patrón deja poco margen entre comer y acostarse
El problema, sostiene, es que al día siguiente las obligaciones empiezan temprano. Esa combinación comprime el sueño de manera repetida y se vincula con efectos metabólicos, cardiovasculares, menor productividad y más riesgo de accidentes
El reloj biológico no negocia
El especialista recuerda que el cuerpo humano está preparado para funcionar de día y reparar de noche. Durante la evolución, la oscuridad fue tiempo de descanso, no de actividad intensa ni de hiperconexión
Por eso, irse a dormir cada vez más tarde va a contramano de la biología. El reloj biológico, explica, organiza funciones distintas para el día y para la noche, y cuando ese esquema se desordena aparecen costos acumulativos
Golombek distingue entre una trasnoche ocasional y un hábito repetido. Una noche aislada de estudio, trabajo o diversión puede compensarse después. Lo que no se recupera tan fácil es la falta de sueño sostenida en el tiempo
Pantallas, luz y más demora
Otro factor que complica el descanso es la exposición nocturna a pantallas y luz artificial. El sueño necesita oscuridad, silencio y una temperatura adecuada, pero la rutina actual suele ir en sentido contrario
La luz azul de celulares, computadoras y tablets retrasa la señal de sueño y puede hacer que el cuerpo interprete que todavía es de día. Además, hay indicios de que la iluminación nocturna también impacta en el metabolismo
Cómo correr la hora de dormir
Entre las recomendaciones para adelantar el sueño, los investigadores sugieren mover la hora de acostarse de a 15 minutos por noche hasta llegar al horario deseado
También recomiendan exponerse a luz solar apenas se despierta, sobre todo al aire libre; no dejar el manejo del estrés para el final del día; y construir una rutina breve y repetible antes de dormir, como lavarse la cara, cepillarse los dientes o leer algunas páginas
Si no queda otra que seguir despierto hasta tarde, aconsejan usar ese tiempo de manera intencional: elegir actividades sociales o positivas y evitar las que aumenten el aislamiento o la ansiedad