Un estudio sostiene que la Tierra pudo haber arrojado al espacio, durante miles de millones de años, polvo con posibles microorganismos que habrían terminado en Europa, la luna helada de Júpiter

La hipótesis parte de la existencia de un océano líquido bajo la superficie de ese satélite, considerado un entorno donde esas partículas podrían haber encontrado condiciones favorables

Eyecciones desde la atmósfera terrestre

Según la investigación, las colisiones de micrometeoritos en la atmósfera terrestre podrían expulsar granos de polvo a gran velocidad. En ese material viajarían bacterias congeladas o protegidas dentro de partículas sólidas

Los autores calculan que, a lo largo de la historia de la Tierra, ese proceso habría sido constante y lo suficientemente intenso como para lanzar al espacio cantidades enormes de material biológico

Un posible intercambio entre mundos

El trabajo estima que una fracción de esas partículas habría alcanzado Europa. Al combinar trayectorias orbitales, probabilidades de coincidencia y la influencia gravitatoria de Júpiter, el flujo calculado llega a unos 3,2 x 10^8 granos por segundo

Con esa base, el estudio propone que, durante la vida del océano interno de Europa, la luna pudo haber recibido una cantidad acumulada de partículas extremadamente alta

El papel del hielo fracturado

La radiación espacial puede inutilizar bacterias expuestas en la superficie en unos 10.000 años. Sin embargo, el estudio destaca que existen regiones activas en la corteza de Europa, conocidas como terrenos de caos, donde el hielo se fractura de forma periódica

Esas rupturas, que podrían repetirse cada 1.000 a 100.000 años, abrirían una vía para que parte del material alcance el agua subterránea antes de ser destruido por la radiación

La idea de la panspermia

La propuesta se relaciona con la panspermia, una teoría formulada a comienzos del siglo XX que plantea que la vida puede desplazarse entre planetas a través de asteroides, polvo o fragmentos con microorganismos

En ese marco, el estudio sugiere que la Tierra no solo habría albergado vida, sino que también podría haberla transportado hacia otros rincones del sistema solar