En 1920, Jacobus Hermanus Brits trabajaba en la granja Hoba West, en el norte de Namibia, cuando advirtió una masa oscura que sobresalía entre la tierra y contrastaba con la piedra caliza blanca del terreno
El hombre retiró un fragmento y lo llevó a la oficina de la Compañía del Sudoeste de África, en Grootfontein. El análisis confirmó que se trataba de un meteorito. Como el hallazgo se produjo a unos 19 kilómetros de esa ciudad, el cuerpo celeste fue bautizado Hoba
Una composición dominada por hierro y níquel
Al continuar con las excavaciones, los investigadores descubrieron que la roca era mucho más grande de lo que habían imaginado. En la actualidad tiene unos 2,7 metros de ancho, aunque se estima que originalmente era más extensa
El meteorito está compuesto por 82,3% de hierro, 16,4% de níquel y aproximadamente 0,8% de cobalto. Por su elevada concentración de níquel, pertenece al grupo de las ataxitas, una categoría poco frecuente de meteoritos metálicos
Después de su descubrimiento, sufrió distintos saqueos y perdió algunas partes. Incluso existen registros de fragmentos vendidos a coleccionistas. En 1968, el padre del actual propietario de una de esas piezas habría cortado un bloque de la masa principal con una sierra de mano, en una tarea que demandó entre tres y cuatro horas. Ese fragmento llegó a ofrecerse por hasta 60.000 dólares
Un monumento nacional que conserva su ubicación original
Para protegerlo, el gobierno de Namibia declaró al meteorito Hoba monumento nacional en 1955. Décadas después, en 1987, el dueño de las tierras cercanas donó parte del terreno para construir un anfiteatro y un área turística dedicada a preservar la roca y difundir su historia
Las estimaciones indican que el meteorito cayó sobre la Tierra hace menos de 80.000 años. Una hipótesis sostiene que ingresó a la atmósfera con un ángulo bajo y perdió buena parte de su velocidad antes de tocar el suelo
Ese descenso relativamente lento explicaría la ausencia de un cráter visible. Los especialistas calculan que el impacto pudo haber generado una cavidad de unos 20 metros de diámetro y aproximadamente cinco metros de profundidad, cuyas marcas habrían desaparecido con el tiempo debido a la erosión
Desde su impacto, el meteorito Hoba nunca pudo ser movido. Por eso, quienes lo visitan pueden observarlo en el mismo sitio donde cayó hace miles de años