Estudiantes de quinto grado del Instituto Grilli de Monte Grande diseñaron un dispositivo capaz de detectar el nivel de ruido dentro del aula. El sistema utiliza una placa micro:bit y advierte mediante distintas expresiones cuando el volumen puede interferir con la clase

El proyecto surgió durante el trabajo sobre el sonido en Ciencias Naturales. A partir de una conversación sobre la contaminación sonora, los alumnos analizaron cómo los gritos, las conversaciones y otros ruidos cotidianos pueden afectar la concentración y provocar molestias como dolor de cabeza o dificultades para escuchar al docente

Una placa que reacciona al volumen

El dispositivo será instalado sobre el pizarrón, en un lugar visible para todo el curso. Su programación permite que la pantalla de la micro:bit modifique su expresión de acuerdo con la intensidad sonora registrada por el sensor

Durante las primeras pruebas, el sistema mostró una sensibilidad excesiva: podía cambiar de expresión apenas alguien hablaba cerca del micrófono. Por eso, los estudiantes debieron ajustar la programación y realizar nuevos ensayos dentro del aula

La placa no mide el sonido directamente en decibeles, sino que trabaja con una escala de valores de 0 a 255. Esa diferencia llevó al grupo a revisar las respuestas obtenidas mediante inteligencia artificial y a adaptar el funcionamiento del dispositivo a las condiciones reales del salón

Programar, preguntar y verificar

Como parte de una propuesta escolar de Inteligencia Artificial Humanizada, los alumnos utilizaron una herramienta de inteligencia artificial para consultar dudas sobre la micro:bit. También aprendieron que las preguntas deben formularse con precisión y que las respuestas necesitan ser revisadas para evitar errores

El asistente fue configurado para explicar los contenidos con un nivel adecuado para estudiantes de primaria. Sin embargo, la herramienta no reemplazó la comprensión del tema ni las pruebas prácticas: el grupo tuvo que comparar sus sugerencias con lo que ocurría al experimentar con la placa

Del boceto al soporte impreso

El trabajo incluyó además el diseño de la estructura que sostendrá el dispositivo. Primero, los alumnos realizaron dibujos y planos en papel. Luego los transformaron en un modelo digital mediante Tinkercad

La primera impresión 3D no resultó como esperaban porque una pieza se deformó al caerse. Para resolverlo, decidieron imprimir el soporte por partes y unirlas después. En ese proceso también contaron con la ayuda de un docente de la institución que tenía experiencia con impresoras 3D

Aprender a través del ensayo

El espacio maker del colegio ya había desarrollado otros proyectos, como un vehículo impulsado inicialmente por un globo y luego modificado con un motor y una hélice. En ese caso, los estudiantes debieron corregir el centro de masa porque el peso de la pila impedía que funcionara correctamente

Para los alumnos, probar, detectar fallas y volver a intentar es una parte central del aprendizaje. El proyecto del medidor de ruido quedó preparado para ser colocado sobre el pizarrón y utilizado como una herramienta para reflexionar sobre las condiciones de trabajo en el aula

La experiencia también permitió que los estudiantes exploraran sus intereses. Santiago Vázquez manifestó su intención de estudiar arquitectura, mientras que Eloísa Nieva mencionó distintas actividades que le gustaría realizar en el futuro, entre ellas el diseño, la pintura de uñas y el cuidado de caballos