El planeta atraviesa una etapa climática crítica. La Organización Meteorológica Mundial y la ONU advirtieron que El Niño ingresó en una fase de intensidad excepcional, en un contexto de temperaturas oceánicas y atmosféricas que ya están en niveles históricos

El fenómeno, que altera lluvias y temperaturas a escala global, llega con potencial para agravar extremos ya en marcha y aumentar la presión sobre gobiernos, sectores productivos y sistemas de respuesta

1. Un episodio intenso en un planeta ya recalentado

La primera clave es la magnitud del evento y el escenario en el que aparece. Los modelos disponibles indican anomalías superiores a 2,9 °C en zonas clave del Pacífico, una señal compatible con un episodio de gran intensidad

La advertencia es clara: El Niño se superpone con un planeta atravesado por calor extremo, incendios forestales y océanos inusualmente cálidos. A eso se suma la posibilidad de que el dipolo del océano Índico entre en fase positiva y de que el Atlántico tropical mantenga temperaturas por encima de lo normal

2. Efectos amplios sobre lluvias, calor e inundaciones

La segunda clave está en el alcance de sus impactos. Para el trimestre agosto-octubre de 2026, el pronóstico prevé temperaturas por encima del promedio en buena parte de los continentes, con especial exposición en África, el sur de Europa, la península Arábiga, el subcontinente indio, el este de Asia, América Central, el Caribe, el sur de África, gran parte de Sudamérica y Nueva Zelanda

También se esperan zonas con más humedad de lo habitual, como el Gran Cuerno de África, el sur de Europa, el oeste de América del Norte y el sudeste de Sudamérica. En contraste, otras regiones podrían enfrentar sequías, entre ellas el subcontinente indio, Australia y buena parte del Caribe

Argentina figura entre los países con mayor probabilidad de lluvias por encima de lo normal en el sudeste del continente. Eso eleva el riesgo de inundaciones en el centro y el este del país, además de olas de calor, estrés hídrico y presión sobre la agricultura y la salud

El meteorólogo Marcelo Madelón advirtió que, si este patrón se mantiene, las inundaciones podrían ser incluso más profundas que en otros episodios similares

3. Pronóstico y prevención: la diferencia está en la respuesta

La tercera clave es operativa: contar con pronósticos no alcanza si no se traducen en decisiones concretas. La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, remarcó que los avisos climáticos no evitan por sí solos los peligros

La prioridad ahora es reforzar alertas tempranas, coordinación institucional y preparación en sectores sensibles como agricultura, salud, agua, energía e infraestructura crítica

La prevención puede reducir daños y salvar vidas. En un escenario de riesgos simultáneos, anticiparse será decisivo para evitar que un fenómeno natural derive en una crisis de mayor escala

El Niño de 2026 aparece así como una señal de alerta global: por su intensidad, por la amplitud de sus impactos y por la urgencia de actuar antes de que los efectos se materialicen