Los aromas acompañan toda la vida: pueden provocar rechazo, despertar placer o devolver, en cuestión de segundos, una escena que parecía olvidada. Para María Soledad Nardo, médica y divulgadora olfativa, esa capacidad no es casualidad, sino una consecuencia directa de cómo trabaja el cerebro con el olfato, la memoria y las emociones
Un olor puede traer de regreso la casa de los abuelos, el perfume de una madre, la colonia del jardín de infantes o el aroma de una torta recién hecha. En ese cruce entre fragancias y recuerdos, sostiene la especialista, hay una relación particular entre el sistema olfativo y las zonas cerebrales que procesan vivencias afectivas
Un acceso directo a la memoria emocional
Cuando una persona inhala, las moléculas aromáticas llegan a receptores ubicados en el epitelio olfatorio. Desde allí, la información viaja al bulbo olfatorio y luego a regiones vinculadas con la emoción y la memoria
A diferencia de lo que ocurre con la vista o el oído, las señales olfativas no pasan primero por una estación intermedia como el tálamo. Esa vía más directa hacia el sistema límbico ayuda a explicar por qué un olor puede activar sensaciones, imágenes y recuerdos con tanta rapidez
En ese circuito destacan dos estructuras: la amígdala, asociada a la carga emocional de las experiencias, y el hipocampo, clave en la formación y recuperación de recuerdos autobiográficos
Si un aroma estuvo presente en un momento importante, como un cumpleaños, unas vacaciones o un abrazo, el cerebro puede almacenar ambas cosas juntas. Mucho tiempo después, volver a sentir ese olor puede reactivar esa asociación casi de inmediato
Por qué un perfume puede emocionar tanto
Por eso un perfume no remite solo a su composición. También puede traer de vuelta la sensación de la época en que fue usado por primera vez
No siempre se recuerda únicamente la fragancia: a veces vuelve, sobre todo, el estado de ánimo que la acompañaba. Esa experiencia es conocida como efecto Proust, y alude a la manera en que un estímulo olfativo puede abrir la puerta a la infancia o a momentos muy precisos de la biografía personal
Distintas investigaciones muestran que los recuerdos disparados por olores suelen sentirse más intensos y más vívidos que los activados por imágenes o sonidos. No necesariamente son más exactos, pero sí generan una fuerte percepción de estar otra vez en ese lugar o en ese instante
Lo que el olfato puede revelar sobre el cerebro
El vínculo entre el olfato y el cerebro también ganó interés médico por su relación con algunas enfermedades neurodegenerativas. La pérdida del olfato puede aparecer entre los primeros indicios de patologías como Parkinson o Alzheimer, incluso años antes de otros síntomas más visibles
Por eso el estudio del olfato ocupa hoy un lugar cada vez más relevante en la investigación neurológica
En cuanto a la aromaterapia, Nardo señala que todavía se trata de una práctica reciente y con respaldo científico limitado. La evidencia disponible sugiere beneficios modestos para la relajación y el bienestar subjetivo, pero no alcanza para considerarla un tratamiento específico para enfermedades neurológicas
Elegir un perfume también es elegir una emoción
La relación entre aromas, memoria y emociones ayuda a entender por qué una persona se siente atraída por ciertas fragancias sin poder explicarlo del todo. Muchas veces, detrás de una elección olfativa, no hay solo gusto por una combinación de notas: hay experiencias previas, personas importantes o escenas que quedaron asociadas a ese olor
Elegir un perfume, entonces, también puede ser una forma de buscar refugio, emoción o, simplemente, la posibilidad de volver por unos segundos a un momento feliz de la propia historia