La escena empieza como un juego de infancia: meter la cabeza bajo el agua y contar cuánto tiempo se aguanta sin respirar. Pero detrás de esa prueba simple hay una disciplina con historia antigua, organizada como deporte durante el siglo XX y con campeonatos mundiales desde hace 30 años

Hoy la apnea tiene dos grandes organismos internacionales y una nueva cita en Roatán, Honduras, donde se disputa el Mundial de Profundidad de la CMAS. Allí compiten tres argentinos: Hugo Lemos, Sebastián Poodts y Catalina Paz, todos con presupuestos ajustados y la misma idea de fondo: dejar su marca en una disciplina todavía poco conocida en el país

Cómo se compite

La lógica es directa: bajar lo más profundo posible y volver a la superficie con el aire tomado antes de la inmersión. Antes de cada intento, el atleta declara la profundidad que buscará y desciende por una cuerda vertical hasta ese punto. Después debe regresar sin respirar

Existen varias modalidades. En monoaleta, el deportista usa una única aleta grande y avanza con un movimiento ondulado. En bialetas, lleva una en cada pie. También están la prueba sin aletas y la inmersión libre, en la que no se usan aletas pero sí se permite impulsarse tirando de la cuerda con las manos

La apnea también tiene pruebas de pileta. La más conocida es la estática, en la que el objetivo es permanecer inmóvil, boca abajo y con nariz y boca bajo el agua, durante el mayor tiempo posible

Un deporte con historia larga

Hay registros de buceo en apnea desde alrededor del 3000 a. C., sobre todo en el Mediterráneo, donde se usaba para buscar esponjas marinas, perlas y alimentos. Más adelante, entre el siglo XIX y la primera mitad del XX, también empezó a verse como desafío físico

Los intentos por medir récords aparecieron en las décadas de 1940 y 1950. Desde los años 70, la actividad se fue ordenando como deporte, especialmente en Europa. AIDA nació en 1992 y organizó su primer Mundial en 1996. La CMAS, creada en 1959, puso en marcha sus campeonatos mundiales en 2003

Hugo Lemos, desde Comodoro

Hugo Lemos tiene 43 años y es el único de los tres que vive en la Argentina. Nació en Rosario y en 2004 se instaló en Comodoro Rivadavia, una de las pocas ciudades del país donde la apnea de profundidad puede practicarse con cierta continuidad

Allí aprendió a convivir con un mar frío, con oleaje fuerte y poca visibilidad. Primero se formó como instructor de scuba, abrió su escuela Zeus y en 2021 se metió de lleno en la apnea, en parte por un desafío personal y en parte para sumar otra fuente de ingresos

Su madre estaba enferma y él le contó que quería lanzarse a esa actividad. También le prometió bajar 50 metros en Comodoro. La respuesta fue una frase de aliento: que siempre había tenido un ángel aparte y que era capaz

Lemos compite en profundidad e inmersión libre, aunque su mejor registro en estática llegó a 6 minutos y 11 segundos. Durante mucho tiempo no tuvo pileta para entrenarse, así que su rutina se apoyó en trabajo en seco, respiración, hipoxia, hipercapnia, gimnasio, cardio y alta intensidad

En Honduras, con el mar disponible, pudo ajustar la preparación. También llegó con un costo personal alto: para poder viajar y competir vendió su camioneta. Es, además, el único de los tres que recibió apoyo estatal, a través de Comodoro Deportes y Comodoro Turismo

Sebastián Poodts, entre enseñanza y competencia

Sebastián Poodts, de 35 años, nació en Olivos, vive desde hace tiempo en el exterior y hoy está radicado en Roatán. Compite en todas las disciplinas de profundidad, aunque su especialidad es la prueba sin aletas

Trabaja como instructor de freediving, así que divide sus días entre enseñar y entrenar. Su preparación incluye gimnasio, estiramientos, trote, trabajo en colinas y yoga. Empezó a interesarse por la disciplina después de la pandemia, cuando buscaba algo nuevo que lo motivara y también le permitiera viajar

La primera puerta se le abrió en Japón, durante una temporada de snowboard. Más tarde, mientras investigaba por redes, conoció una escuela de Tailandia, viajó como voluntario a un centro de buceo y allí descubrió la apnea. Desde entonces pasó por distintos destinos hasta convertirse en instructor y vivir de la actividad

En Roatán trabaja en la escuela del organizador del Mundial, lo que le permitió cubrir la inscripción con trabajo. En la previa bajó la carga porque llegar fatigado puede ser contraproducente. La profundidad exige descanso, concentración y un sistema nervioso sin desgaste extra

En este Mundial logró 69 metros en la prueba sin aletas, marca que le dio un nuevo récord argentino. Para él, la disciplina mental es tan importante como la preparación física: debajo del agua, cualquier exceso de ansiedad puede jugar en contra

Catalina Paz y el equilibrio entre trabajo y entrenamiento

Catalina Paz tiene 24 años, nació en Córdoba capital y trabaja como instructora en Utila, Honduras, a unos 50 kilómetros de Roatán. En su caso, el desafío también pasa por combinar el entrenamiento con el trabajo diario

Aprendió a nadar de chica, pero se cansó de la pileta tradicional. Después de terminar el secundario buscó otro rumbo y se fue a Mahahual, en Quintana Roo, México. La pandemia la encontró allí y, a través de su tía, instructora de buceo, terminó descubriendo la apnea como actividad recreativa y luego como forma de vida

Su modalidad preferida es la monoaleta y su marca personal llega a 70 metros en esa prueba. Como el resto, entrena en el agua, pero también con ejercicios de respiración, flexibilidad torácica, diafragma, meditación y relajación

Para Paz, el deporte es en gran parte mental. La técnica importa, pero también la capacidad de sostener la calma cuando el cuerpo entra en un escenario de presión, profundidad y ausencia de aire

Un deporte caro y todavía chico en la Argentina

La apnea de piscina tiene más desarrollo en el país que la de profundidad, en parte porque exige menos infraestructura. Para bajar con seguridad al mar hacen falta condiciones muy específicas, algo que sí existe en lugares como Comodoro Rivadavia o Puerto Madryn, pero no en la mayor parte del territorio

También pesa la inversión. Un traje de neoprene puede costar entre 300 y 500 dólares, unas aletas entre 500 y 700, y una monoaleta alrededor de 700 u 800. En aguas cálidas, como las de Roatán, el equipamiento necesario es menor

La actividad en la Argentina está regulada por la Federación Argentina de Actividades Subacuáticas, que autoriza a los atletas a competir internacionalmente. No hay, sin embargo, un ranking nacional ni un sistema clasificatorio formal. Por eso, llegar a un Mundial sigue siendo más una combinación de trayectoria, aval federativo y esfuerzo personal que el resultado de un camino estructurado

En este Mundial participan alrededor de 70 atletas de 21 países. Las potencias europeas dominan la escena y el nombre de Alexey Molchanov, múltiple campeón y poseedor de varios récords, funciona como referencia máxima de la disciplina

Para los argentinos, el objetivo inmediato es otro: que cada intento sea válido y que la bandera celeste y blanca empiece a aparecer con más fuerza en un deporte que todavía busca visibilidad. Mientras ellos bajan cada vez más profundo, la apnea argentina intenta subir a la superficie