Emilia Acosta se ríe al recordar que su mamá, Andrea Lencina, solía esconderse durante sus competencias porque los nervios no la dejaban mirar. En los videos de aquella época todavía se escuchan sus rezos de fondo
En los Juegos Suramericanos 2026, Andrea y Maxi, el papá de Emilia, pudieron verla por primera vez en un torneo internacional junto a la selección argentina de gimnasia. La experiencia terminó con una celebración inolvidable
Emilia fue parte del equipo que obtuvo el oro en all around después de 23 años. Además, consiguió la medalla dorada en salto y una de bronce en all around. Tras la consagración, Andrea no pudo contener las lágrimas: “Ella es magia”
Una carrera que comenzó a los dos años
Emilia tiene 17 años y nació en Rafaela, al norte de Santa Fe. Desde los dos años y medio salta, gira, rebota, se cae y vuelve a levantarse sobre los aparatos de gimnasia
Su inquietud llevó a la familia a inscribirla en el mismo gimnasio donde entrenaba su mamá. Al principio iba una hora, dos veces por semana. Después empezó a entrenarse todos los días porque el deporte la atrapó
A los seis años la descubrió Víctor Ingaramo, quien todavía es su entrenador. Desde entonces, el recorrido tomó otra dimensión
“Estoy muy contenta, muy feliz por lo que pude lograr. No me esperaba el oro en salto, pensé que iba a ganar plata porque competí con una gimnasta olímpica muy buena, Hillary Heron, de Panamá. Es un orgullo”, contó Emilia después de la competencia
La gimnasta reconoce que el salto no siempre fue su especialidad. Le gusta competir en viga, aunque admite que a veces no le sale como espera. También disfruta el suelo y no siente la misma afinidad por las paralelas
El valor de un equipo y las dificultades del interior
La medalla por equipos tuvo un significado especial por la presencia de Brasil como rival. El resultado también reflejó el crecimiento de la gimnasia argentina, que sumó las tres medallas de Emilia, una de Fila Dalinger y cinco de Julieta Lucas, dueña de cuatro oros y una plata
“La unión que tenemos es importante, tener grupo es importante”, explicó Emilia
Continuar una carrera de alto rendimiento desde el interior del país exige un esfuerzo adicional. Las concentraciones se realizan en Buenos Aires, en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, y cada viaje implica alejarse de la familia y adaptarse a otras condiciones de entrenamiento
“Es difícil ser del interior, viajar. Empezar una concentración después de tantas horas. Es difícil no estar en tu casa, comer tu comida, bañarte y dormir en tu cama. Además, mamá y papá quedan solos”, relató
En Rafaela entrena muy bien, pero no cuenta con una pedana. Practica sobre una espuma fina y, al llegar a Buenos Aires, debe readaptarse al suelo de competencia. “Se me cargan los gemelos que se me explotan”, contó
La enfermedad de su mamá y una fortaleza compartida
Emilia es hija de un camionero y de una mujer jubilada. Sus hermanos mayores ya no viven en la casa familiar. Durante buena parte de su carrera, su papá y una tía fueron quienes más la acompañaron a las competencias
En Rosario, sin embargo, pudo tener cerca a varios seres queridos. Allí estuvieron su amiga Lucía González, su papá y su mamá, una presencia especialmente importante para ella
A Andrea le diagnosticaron leucemia en 2020. Desde entonces atravesó un trasplante de médula y continúa con quimioterapia, tratamientos y controles
“Me gusta mucho que me vaya a ver. Cuando era chica la molestaba porque se ponía tan nerviosa que se escondía. Yo le decía: ‘Mamá, ¿para qué te escondés si te veo igual?’. Ahora aprendió y me mira”, contó Emilia
Cuando su mamá enfermó, Emilia tenía 11 años. Comenzó terapia para comprender por qué su tía debía cuidarla durante todo el día o quedarse a dormir con ella. Hoy también trabaja con una psicóloga deportiva, Ailén, y considera que ese acompañamiento es clave
“Nunca me pongo nerviosa, ni en los entrenamientos ni en competencia. A veces, un poco con la viga, porque es un segundo y te caés, pero no me pongo nerviosa”, explicó
Una adolescente enfocada en llegar a Los Ángeles
Emilia intenta manejar las presiones con calma. La noche en que llegó a la Villa Suramericana recibió una gran cantidad de mensajes y notificaciones, pero prefirió dejar el teléfono y dormir
También aprendió a convivir con las exigencias escolares. Cursa quinto año de manera presencial y en algún momento pensó en abandonar la gimnasia porque debía rendir materias. Ahora tiene claro cuál es su prioridad: “Lo que quiero hacer es esto”
Su experiencia internacional ya incluye una Copa del Mundo en París y el Panamericano de gimnasia en Río de Janeiro. En Francia pudo fotografiarse con su ídola, Angelina Melnikova. En Brasil compitió y conversó con Rebecca Andrade, a quien admira por su historia y por la precisión de su gimnasia
Pero fue Simone Biles quien encendió su gran sueño. Emilia la vio competir en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y decidió que quería llegar a ese escenario. No pudo hacerlo en París 2024 por su edad, pero ahora apunta a Los Ángeles 2028
“Voy a hacer todo lo posible por llegar”, afirmó
Emilia vuelve a reír cuando recuerda aquellos videos en los que su mamá rezaba escondida detrás de una cámara. Ella nunca le tuvo miedo a la gimnasia y todavía le pide que la mire, que no se esconda
Andrea la escucha y la llama “magia”. Para Emilia, esa magia aparece en la pedana y también fuera de ella