En Villa Udaondo, dentro de Ituzaingó, Vélez levantó un centro de entrenamiento que pasó de ser un predio de práctica a una usina de futbolistas. A simple vista, la Villa Olímpica parece escondida entre calles tranquilas y caminos de tierra, pero dentro funciona una estructura pensada para detectar, formar y proyectar jugadores durante años

Un modelo que produce valor

El club asumió hace tiempo que no puede competir en el mercado por grandes compras, así que apostó a fabricar su propio plantel. Ese camino le dio resultados concretos: en la última década vendió 26 futbolistas por unos 184,8 millones de dólares. El negocio no es solo económico; también sostiene la identidad deportiva de la institución

La captación comienza mucho antes de que un chico firme su primer vínculo. Vélez trabaja con una red de observadores en Buenos Aires, el conurbano y el interior. Cuando aparece un talento que interesa, primero se consulta al club de origen y, si hay acuerdo, se lo cita a prueba. En varios casos, además, se negocia un porcentaje de una futura transferencia

El recorrido de Thiago Almada resume esa lógica. Lo descubrieron jugando en Fuerte Apache, llegó al club de la mano de un captador y atravesó todas las etapas hasta debutar en Primera. Jugó 101 partidos, convirtió 24 goles, dio 10 asistencias y terminó transferido a Atlanta United por 16 millones de dólares

Formación con método

La construcción del jugador no depende solo del talento. En Vélez existe un trabajo coordinado entre técnicos, preparadores físicos, analistas, nutricionistas y psicólogos. Todo responde a una metodología propia, conocida internamente como “morfoVélez”, que pone a la pelota en el centro y busca que las divisiones compartan una misma idea de juego

La observación no se limita a la potencia física o la velocidad. El club prioriza la relación del chico con la pelota, su lectura en espacios reducidos y su capacidad para resolver bajo presión. La premisa es clara: formar futbolistas útiles para el juego real que después enfrentarán en Primera

La planificación semanal también está muy ordenada. Cada cuerpo técnico recibe lineamientos precisos, trabaja con alternativas para adaptarse a imprevistos y carga luego lo realizado en un sistema de seguimiento. A eso se suman GPS, análisis de rendimiento y formularios diarios para medir fatiga y esfuerzo percibido

Un jugador completo

La formación incluye aspectos que exceden lo deportivo. El área de psicología trabaja concentración, atención, manejo emocional y vínculos grupales, además de intervenir cuando aparecen problemas familiares, ansiedad, violencia o presión externa. Las redes sociales, hoy, también forman parte del desafío cotidiano

En paralelo, el club cuida la alimentación de sus juveniles. Entrega viandas a chicos que lo necesitan, realiza controles antropométricos y hace un seguimiento regular del peso e hidratación. La nutrición ya no es un complemento: es parte de la construcción del rendimiento y de la salud de los jugadores

Del semillero al negocio

Vélez sigue siendo un club formador, pero hoy la venta también integra el objetivo. La idea es llevar al futbolista a Primera, consolidarlo y, si aparece una oferta fuerte, transformarlo en una transferencia que permita reinvertir en la estructura. El modelo se repite en cada camada y se sostiene desde hace años, más allá de los cambios dirigenciales

Para eso existe una línea de sucesión: el club ya identifica por puesto a los juveniles que pueden ocupar el lugar de quienes se van. Así reduce la necesidad de salir a comprar y mantiene viva la cadena productiva. En ese esquema aparecen nombres como Simón Escobar, una de las apuestas para el futuro inmediato

El resultado también tiene su costo: cada vez es más difícil retener talento. Muchos chicos llegan con representantes antes de tiempo y las familias, en contextos económicos complejos, suelen ver la salida temprana como una oportunidad. Vélez intenta responder con contratos más rápidos, mejores condiciones y un seguimiento cercano

La Villa Olímpica guarda esa lógica en cada rincón. Los nombres y fotos de futbolistas surgidos del club, luego vendidos, aparecen como recordatorio de que la fábrica no solo produce jugadores: también financia su propia continuidad. En Vélez, el próximo negocio empieza mucho antes de que un chico toque por primera vez la cancha de Primera