China está empujando a sus robots humanoides más rápido que sus competidores, pero la carrera aún no garantiza un negocio rentable. El 17 de agosto, uno de estos modelos, llamado Superman, alcanzó 12,66 metros por segundo y superó el récord previo de velocidad de Usain Bolt antes de chocar contra una pared

La demostración reforzó el interés por Unitree, la compañía detrás del robot, que salió a cotizar en Shanghái dos días después y vio saltar su acción 460%. En Pekín también se esperan nuevas exhibiciones durante los Juegos de Robots Humanoides. Aun así, la escena de Superman dejó en claro que la tecnología todavía tiene limitaciones importantes

El gran obstáculo: entrenar el software

Las empresas chinas prevén vender 50.000 humanoides este año, más del triple que en 2025. El hardware ya muestra avances notables, pero el verdadero problema está en el software: para que un robot realice tareas variadas y con fluidez, necesita enormes volúmenes de datos de entrenamiento

Los modelos actuales de humanoides trabajan con apenas unos pocos miles de millones de parámetros. Para aproximarse al funcionamiento del cuerpo humano, esa escala debería crecer hasta cientos de miles de millones, un tamaño parecido al de los grandes modelos de lenguaje usados por los chatbots

La diferencia es que el texto digital abunda, mientras que los datos útiles para enseñar a un robot a identificar un vaso, tomarlo y servir café son mucho más difíciles de conseguir. El sistema debe aprender nociones de espacio, fragilidad y textura a partir de experiencias reales o de simulaciones muy precisas

China convierte el entrenamiento en industria

En ese terreno, China tomó ventaja. En Wuhan funciona el Hubei Humanoid Innovation Centre, una instalación amplia donde hasta 100 robots pasan horas observando y copiando a personas que ejecutan tareas cotidianas

Allí se reproducen escenas de café, farmacia, supermercado y líneas de producción. En una estación, un trabajador mueve la mano con sensores mientras el robot imita el gesto y vierte agua real sobre un filtro. El objetivo es generar datos de “máquinas reales”, considerados más valiosos que los de simulación

China ya cuenta con 53 centros de entrenamiento de este tipo, según estimaciones privadas. La mayoría se creó en los últimos dos años, y otros 34 están en construcción o en proyecto. Uno de los complejos en marcha en Shanghái tendrá capacidad para 1.000 humanoides

Montar estas instalaciones exige espacio, personal y robots caros, que pueden costar hasta 100.000 yuanes, unos US$15.000. El entrenamiento también es costoso: entre 500 y 700 yuanes por hora. Y no todo lo que se registra sirve; por cada ocho horas de trabajo en una estación de café, apenas tres horas terminan siendo útiles

El Estado sostiene la apuesta

Buena parte de la expansión está financiada por el sector público. Cerca de cuatro de cada cinco centros tiene respaldo estatal. En muchos casos, los gobiernos locales compran humanoides, ayudan a montar las instalaciones y luego venden a las empresas los datos obtenidos

La lógica también apunta a reforzar la demanda regional de robots producidos en el país. Durante la primera mitad de 2026, hasta 70% de los humanoides fabricados en China habría terminado en estos centros de entrenamiento, unas 13.000 unidades

Además, las compañías están reuniendo datos egocéntricos a partir de la enorme base laboral industrial y de jóvenes sin empleo. Algunos proveedores venden dispositivos portátiles para registrar movimientos humanos, y varias empresas imaginan que ese trabajo podría hacerse incluso desde el hogar

JD.com anunció este año un programa para pagar a 100.000 empleados y a otras 500.000 personas para que registren sus movimientos. En una planta de Jiangsu, la firma remunera a personas que repiten tareas con lentitud en supermercados ficticios y otros escenarios, con la meta de acumular 10 millones de horas de datos en dos años

Una ventaja que todavía no se traduce en mercado

El problema es que los datos humanos no siempre sirven para robots, porque las extremidades y los patrones de movimiento no coinciden del todo. Incluso cuando son aprovechables, deben etiquetarse uno por uno para que el sistema entienda cada acción

Aun así, China podría repetir una ventaja que ya logró en reconocimiento de imágenes: usar grandes masas de trabajo humano para etiquetar datos y escalar más rápido que sus rivales

Pero el interrogante de fondo sigue siendo comercial. Con el nivel actual de la tecnología y el tiempo que todavía falta para perfeccionarla, es poco probable que aparezca un mercado significativo para humanoides durante esta década

Morgan Stanley estima que China podría fabricar unos 450.000 robots humanoides por año en 2030. Muchos seguirán siendo máquinas torpes, con inteligencia limitada y tendencia a terminar contra la pared