El aumento del gasto en alimentos se volvió una de las principales preocupaciones de los hogares en distintos países desarrollados. La suba golpeó con fuerza desde 2020 y alimentó reclamos para que los gobiernos intervengan sobre los precios en góndola
El eslabón más visible no es el principal responsable
La reacción política apunta, casi siempre, al tramo final de la cadena: los supermercados. Sin embargo, los márgenes de esas empresas suelen ser bajos. En Estados Unidos, cadenas como Kroger y Albertsons registraron el año pasado una ganancia operativa cercana al 1% de sus ventas; Walmart, con un margen del 4%, tampoco muestra un nivel de rentabilidad que sugiera abuso generalizado
Algo parecido ocurre en otros mercados desarrollados. La mayor rentabilidad histórica estuvo más arriba en la cadena, especialmente en grandes fabricantes de alimentos envasados, que durante años sostuvieron márgenes mucho más altos que los minoristas
Los precios siguieron a los costos
Otro dato clave es que, entre 2020 y 2025, los precios al consumidor avanzaron en línea con los precios mayoristas en países como Estados Unidos, Australia, Canadá y Francia. Eso debilita la idea de que los supermercados hayan aprovechado la inflación para ampliar sus ganancias a costa de los compradores
La presión sobre los precios estuvo impulsada sobre todo por el encarecimiento de insumos como fertilizantes y combustibles, primero por la guerra en Ucrania y luego por el conflicto con Irán. También incidió el aumento de los salarios que deben pagar los productores agropecuarios en un contexto de mayores restricciones migratorias
Mercados más competitivos de lo que parecen
La concentración del negocio tampoco respalda, en general, la hipótesis de un poder excesivo de mercado a escala nacional. Las mediciones disponibles muestran un sector competitivo en la mayoría de los países analizados, aunque el cuadro cambia en algunos condados rurales y pueblos pequeños, donde la oferta es más limitada
Ese problema local existe, pero afecta a una porción reducida de la población. No alcanza para concluir que el sistema de supermercados, en conjunto, sea el origen del encarecimiento de los alimentos
Más Estado no siempre significa precios más bajos
Las ideas de abrir supermercados públicos o de imponer controles directos sobre precios parten de un diagnóstico discutible. La historia de los comercios estatales no ofrece resultados alentadores: suelen asociarse más con desabastecimiento y filas largas que con abundancia y eficiencia
Las tiendas subsidiadas pueden tener un rol acotado en zonas rurales desatendidas. Pero llevar ese modelo a mercados que ya funcionan con competencia puede terminar desplazando a operadores privados sin resolver la causa real del problema
Si el objetivo es aliviar la factura del supermercado, la respuesta debería buscarse antes en la producción y los costos que en la caja registradora. Apuntar al eslabón equivocado solo agrega ruido a una discusión que necesita mejores diagnósticos y menos consignas