Aapresid, emblema de la siembra directa, volvió a poner bajo la lupa una vieja discusión: si en algunos casos un paratill puede ser una salida válida frente a la compactación. El tema apareció en el Congreso Aapresid 2026, durante un panel sobre desafíos en sistemas regenerativos, donde la consulta del público giró en torno a si era posible una remoción puntual para acelerar la descompactación

La intervención, solo como último recurso

Jorge Mazzieri sostuvo que labrar el suelo siempre implica una alteración importante, aunque no descartó una acción mecánica cuando el diagnóstico agronómico indique que no quedan alternativas. Según explicó, ese recurso no resuelve el problema de fondo si no se corrigen antes las causas que llevaron al deterioro de la estructura del lote

También advirtió que una intervención de ese tipo solo tiene sentido si luego el suelo vuelve a ser ocupado rápidamente por raíces activas. De lo contrario, la compactación puede reaparecer con más fuerza en el corto plazo

Qué le pasa al suelo cuando se compacta

El especialista describió la compactación como una consecuencia del daño en la estructura del suelo. Recordó que el está compuesto en partes iguales por materia sólida y por espacios porosos donde circulan agua, aire y actividad biológica

Cuando esa red se degrada, disminuye la infiltración, se frena el crecimiento radicular y los cultivos pierden acceso eficiente al agua y a los nutrientes. Incluso un análisis químico favorable puede no traducirse en disponibilidad real si el suelo está compactado

Las causas que empujan el problema

Entre los factores que favorecen este proceso, Mazzieri mencionó el reemplazo de pastizales por cultivos anuales, la baja presencia de cultivos otoño-invernales, la pérdida de cobertura, el tránsito desordenado de maquinaria y la caída de la materia orgánica, que en muchos suelos se redujo entre 20% y 30% respecto de su estado original

Planteó que, en términos de rotación, dos de cada tres años deberían incluir un cultivo otoño-invernal. También remarcó que sumar maíz, por sí solo, no corrige la situación y puede incluso agravarlo

El costo productivo de compactar

El impacto sobre los rindes, dijo, no es menor. Citó estimaciones que ubican las pérdidas de productividad entre 12% y 50% según el grado de compactación, con caídas de entre 12% y 15% en soja y de entre 6% y 8% en maíz

Para ilustrar el efecto del manejo del agua, contó el caso de un establecimiento de 3500 hectáreas en el sudeste de Córdoba que busca subir su nivel de infiltración del 60% al 80%. En una zona con 850 milímetros de lluvia anual, mejorar apenas 10 puntos podría sumar 85 milímetros aprovechables, con impacto económico directo sobre los cultivos

Más diversificación y mejor tránsito

El descenso de las napas tras varios años secos expuso, según relató, que muchos sistemas dependían demasiado de esa disponibilidad extra de agua. También señaló que algunas rotaciones muestran mejores resultados para recuperar infiltración, como avena y triticale frente a centeno o trigo, aunque insistió en que el manejo del tránsito es clave

En el mismo panel, Juan Ignacio Mateo presentó la estrategia de Garfin Agro, con unas 20.000 hectáreas propias en Buenos Aires, basada en intensificación con diversificación, ambientación de ambientes, integración con ganadería y sistematización mediante terrazas y drenajes

Verónica Vázquez, de LDC, expuso un programa de agricultura regenerativa apoyado en cultivos de cobertura, ganadería integrada, rotaciones más intensas, uso responsable de nutrientes y manejo integrado de plagas. Señaló que los cultivos de cobertura todavía ocupan el 14% de la superficie, aunque aclaró que el esquema admite movimientos de suelo puntuales si existe una justificación agronómica concreta