La probabilidad de que se desarrolle un episodio de El Niño durante los próximos meses genera preocupación entre productores y organismos vinculados al sector agropecuario. Algunos modelos anticipan que el fenómeno podría alcanzar una intensidad extraordinaria durante el último trimestre del año

El escenario está asociado con el aumento de la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial central y oriental, registrado desde abril. Las proyecciones indican que el incremento podría superar los 2,5 °C respecto del promedio, impulsado además por un calentamiento excepcional en las capas subsuperficiales del océano

Aún resulta difícil precisar cuánta lluvia habrá, con qué intensidad se producirá y qué regiones serán alcanzadas. Sin embargo, los pronósticos señalan un posible fortalecimiento entre septiembre y diciembre, con una prolongación más moderada hasta febrero

Un período sensible para el campo

El eventual ciclo húmedo coincidiría con una etapa crítica del calendario agrícola. El exceso de agua podría generar problemas de transitabilidad y falta de piso en distintas zonas productivas, con consecuencias para la cosecha, la producción lechera y el traslado de hacienda

Ante cada inundación suele repetirse una secuencia conocida: reclamos por obras, anuncios oficiales y, después de las pérdidas, declaraciones de emergencia o desastre agropecuario. La reiteración de este esquema muestra la necesidad de contar con políticas preventivas y herramientas planificadas antes de que ocurra la crisis

Tres frentes para reducir el impacto

Una estrategia integral debería concentrarse en la infraestructura rural, las obras hidráulicas y el manejo del suelo y del agua dentro de los establecimientos

En materia de infraestructura, el mantenimiento de los caminos rurales y del alcantarillado resulta prioritario. En la provincia de Buenos Aires se estima que más de 100.000 kilómetros de caminos rurales presentan problemas de conservación. Las tareas deberían sostenerse de manera permanente, sin depender de la aparición de un fenómeno climático

También es necesario completar obras destinadas a conducir y retener excedentes, sanear arroyos, realizar dragados y canalizaciones, y ordenar las redes de drenaje. Estas iniciativas requieren decisiones políticas y la asignación de los presupuestos correspondientes

El problema también comienza en los lotes

Las obras hidráulicas pueden aliviar los efectos de las inundaciones, pero no alcanzan para resolver sus causas. Una parte del escurrimiento se origina en la degradación de la estructura física de los suelos, vinculada en buena medida con el abandono de la rotación de cultivos

La compactación reduce la capacidad de infiltración del agua, mientras que la pérdida de materia orgánica, la erosión y el aumento del escurrimiento superficial agravan el problema. Por eso, el suelo debe recuperar su capacidad de almacenar agua y disminuir el volumen que se desplaza sobre la superficie

La rotación de cultivos, los cultivos de cobertura y las prácticas destinadas a ordenar el movimiento del agua son herramientas centrales para mejorar esa situación. Sin un manejo adecuado en los lotes productivos, las obras estructurales no podrán controlar por sí solas los anegamientos

Una política de largo plazo

Entre las medidas posibles también aparece la creación de una ley nacional de suelos y de normas provinciales que impulsen buenas prácticas agropecuarias mediante incentivos fiscales y económicos

La creciente variabilidad climática exige abandonar la lógica de promesas y emergencias posteriores al desastre. La prevención debería integrar infraestructura, hidráulica y conservación de suelos para reducir las pérdidas y ofrecer respuestas sostenidas frente a futuros eventos de exceso hídrico